WASHINGTON, Estados Unidos.- Se cumple un año del inicio de su segundo mandato, y Donald Trump está haciendo añicos el orden global establecido tras la Segunda Guerra Mundial. La avanzada del presidente de Estados Unidos puede dejar un mundo irreconocible.

Trump ha recibido el nuevo año con una serie de acciones agresivas que desafían sin pudor la estructura defendida por Estados Unidos durante décadas.

El mandatario ordenó el 3 de enero una incursión en Venezuela para capturar al presidente, Nicolás Maduro. Este viejo enemigo de Washington y su esposa, Cilia Flores, fueron llevados a Nueva York acusados de narcotráfico. Desde entonces, amenaza con usar la fuerza contra amigos y enemigos.

El republicano explicitó su intención de anexionar Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, aliado de la OTAN, y advirtió que impondrá aranceles a quienes se le opongan.

También barajó la posibilidad de realizar acciones militares en México y en Colombia, aunque suavizó el tono tras sostener conversaciones con los presidentes de esos países. Ese estilo volátil, según sus partidarios, muestra que Trump prefiere la diplomacia cuando puede lograr resultados que le favorecen.

Pero Trump también ha desechado las formas tradicionales de la diplomacia. Resucitó la “Doctrina Monroe”, que postulaba en el siglo XIX que América Latina debe estar bajo dominio estadounidense, y recientemente retiró a su país de decenas de organismos de las Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales, en línea con su lema “Estados Unidos primero”.

La inquebrantable disposición de Trump a recurrir a la fuerza también se ha manifestado en su propio país. Bajo el liderazgo del vicepresidente, JD Vance, su administración no tuvo ni un gesto formal de empatía ante la muerte de una mujer a manos de un agente de inmigración en Mineápolis, el 7 de enero. En cambio, ordenó aumentar el despliegue de fuerzas en la ciudad.

La caída del velo

Stephen Miller -artífice de la campaña antiinmigrantes de Trump y un papel creciente en la política exterior como subjefe de gabinete de la Casa Blanca- dijo que es hora de ir más allá de las “cortesías internacionales”.

“Vivimos en un mundo, en el mundo real... que se rige por la fuerza, que se rige por la violencia, que se rige por el poder”, dijo Miller durante una entrevista con la cadena británica CNN.

Washington lideró la creación de instituciones internacionales después de la Segunda Guerra Mundial, desde la ONU hasta la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), a las que Trump quiere renunciar ahora. Muchas veces, los líderes estadounidenses fueron acusados de hipocresía, como en 2003, cuando George W. Bush invadió Irak ignorando a la ONU. La diferencia ahora es que Trump no finge perseguir principios superiores “universales”, como la democracia.

En Venezuela, desestimó a la oposición y prefiere a Delcy Rodríguez, ayer vicepresidenta de Maduro. De inmediato declaró que su prioridad es controlar el petróleo y que usará la fuerza para mantener al país alineado.

Cambios permanentes

Melanie Sisson, investigadora del Brookings Institution, dijo que Estados Unidos tuvo éxito “sin tener que atacar, conquistar e invadir”. “Lográbamos imponer nuestra voluntad, la mayoría de las veces, con influencia a través de organizaciones y alianzas internacionales”, explicó.

Incluso si Europa anhela el orden liberal, dijo Sisson, otras potencias seguirán el ejemplo de Trump. “No creo que vaya a haber una reconstrucción del orden internacional (como el) posterior a la Segunda Guerra Mundial”, agregó.