El primer amistoso de San Martín frente a Mitre fue algo más que un simple resultado. El 1-0 funcionó como respaldo numérico de una prueba que permitió empezar a identificar rasgos concretos de la idea que pretende Andrés Yllana: intensidad sin pelota, buen uso del mediocampo y un ataque que busca amplitud y profundidad. Para ser el primer ensayo, el “Santo” dejó una imagen alentadora.
Desde el arranque, San Martín mostró una postura clara en la mitad de la cancha. La presión fue alta y constante, con la intención de recuperar rápido cuando no tenía la pelota y aprovechar el buen pie de sus mediocampistas. Los fundamentos principales: ser punzante y peligroso en todo momento. El esquema 4-3-3 le permitió al equipo sostener esa intensidad, sobre todo a partir del funcionamiento del mediocampo. Santiago Briñone fue la pieza clave en ese sector: ordenó, anticipó y se transformó en el primer pase de cada ofensiva. Su tarea fue decisiva para asfixiar a los volantes “aurinegros “y darle fluidez al juego del “Santo”.
A su lado, Jorge Juárez cumplió un rol mixto. Raspar cuando fue necesario, jugar simple y aparecer como opción de descarga constante para sus compañeros. Fue el sostén de equilibrio en un equipo que intentó plantarse en campo rival. Matías “Caco” García, en tanto, asumió la conducción ofensiva: manejó los tiempos y eligió los caminos del ataque.
En ataque, el equipo mostró una búsqueda clara a través de los extremos. Luciano Ferreyra y Gonzalo Rodríguez le dieron amplitud al juego y se convirtieron en opciones permanentes de pase. A partir de su posicionamiento, San Martín intentó lastimar con centros al área y con ataques directos a los espacios. Facundo Pons no pudo convertir, aunque estuvo cerca y dejó movimientos interesantes, especialmente al fijar centrales y abrir huecos para las llegadas desde segunda línea. “Pupi” fue uno de los jugadores más punzantes del equipo: tuvo tres mano a mano frente a Ignacio Pietrobono y anotó el tanto de la victoria.
Defensivamente, San Martín jugó adelantado y apostó fuerte al anticipo. Esa postura, por momentos, dejó algunos detalles por pulir, sobre todo en la coordinación de la zaga. Sin embargo, el equipo mostró firmeza durante gran parte del partido y Mitre casi no logró inquietar. Darío Sand fue un espectador durante largos pasajes del encuentro, una señal de que el bloque defensivo funcionó de manera sólida en líneas generales.
Otro aspecto a destacar fue la intensidad con la que el “Santo” afrontó el partido. Si bien las piernas comenzaron a pesar en el segundo tiempo, el equipo logró sostener el ritmo durante gran parte de los 70 minutos, algo lógico para esta etapa de preparación. Además, los cambios no desentonaron: Leonardo Monroy ingresó para refrescar la banda derecha en lugar de Gonzalo Rodríguez y Alan Cisnero reemplazó a “Caco” García. Incluso, el juvenil generó una jugada de peligro que obligó a una buena respuesta de Pietrobono.
El desafío, de ahora en más, será sostener ese rendimiento cuando los partidos empiecen a jugarse por los puntos. La intensidad, el orden en la mitad de la cancha y la amplitud ofensiva mostrada ante Mitre deberán aparecer también en contextos más exigentes, con mayor presión y menos margen de error. La incógnita pasa por saber si este amistoso fue apenas una prueba inicial dentro de la preparación o una muestra concreta del potencial que puede desarrollar el “Santo” a lo largo del torneo. En ese camino, el sábado tendrá un segundo examen frente a Güemes, nuevamente en Santiago del Estero, que servirá para seguir midiendo respuestas y confirmar si estas primeras señales pueden sostenerse en el tiempo.
Con un triunfo, buenas sensaciones y una idea que empieza a tomar forma, San Martín dio su primer paso. Todavía hay aspectos por ajustar, pero el amistoso dejó indicios claros de hacia dónde quiere ir el equipo de Yllana.