“¿Ustedes saben cuál es el estilo de este gobernador?”. Durante la calurosa mañana del viernes, el antedespacho de la Casa de Gobierno estaba lleno de periodistas y de funcionarios. Osvaldo Jaldo acababa de tomar juramento a las nuevas autoridades de la Caja Popular de Ahorros (CPA) y lanzaba esa pregunta retórica ante las cámaras y micrófonos.

La decisión fue un golpe de efecto pensando en el 2027. En intentar disolver tensiones dentro de la provincia que le inquietaban y, a la vez, dar un mensaje puertas adentro del justicialismo.

Dentro de la dirigencia oficialista y opositora se venía hablando desde hacía meses que la tónica del año preelectoral estaría marcada por dos asuntos: la economía nacional y sus repercusiones en la provincia; y el vínculo del oficialismo jaldista con el diputado Carlos Cisneros (Unión por la Patria).

Jaldo adelantó lo que sí dependía de él. Y lo hizo al estilo del gobernador.

Volvió antes de su licencia y descabezó la CPA sin previo aviso. Una de las “jaldeadas” más fuertes hasta el momento, por las figuras que involucra.

Se notó en los rostros serios e incómodos de algunos durante el acto de jura de los nuevos interventor Guillermo Norry y subinterventor Antonio Bustamante.

En los últimos tiempos, la situación con esa línea oficialista era tensa por diversas confrontaciones que mantenía con otros organismos estatales, como el Tribunal de Cuentas y el Ministerio Público Fiscal. Algunos de estos episodios habían repercutido en el plano nacional y esa trascendencia al Gobierno provincial le molestaba.

La gota que colmó ese vaso, dicen en los pasillos del poder, fue la publicación de fotos del gobernador de vacaciones con su familia en medios nacionales. En el entorno del mandatario adjudican la difusión a esa vertiente del justicialismo. De hecho, durante la conferencia que dio al retomar sus funciones aludió a este hecho de manera directa y, sin mencionar responsables, lanzó advertencias con destinatarios y con la mirada puesta en el 2027.

“Hay medios nacionales incentivados, bancados desde Tucumán para que hablen mal del gobernador que más mide en el país; el que sacó más de medio millón de votos en la provincia. Pero a mí no me van a desgastar. Eso sí: no se metan con mi familia. Este gobernador es tranqueño, quebrachito, duro. No se equivoquen. En 2027, el quebrachito tranqueño los va a volver a atender”, expresó ante los gestos adustos de los funcionarios y ministros que lo rodeaban en la conferencia.

Hay un punto de conflicto latente que no es para nada menor y son las relaciones de ese espacio con figuras del PJ como la intendenta capitalina Rossana Chahla, el vicegobernador Miguel Acevedo y el senador Juan Manzur, entre otros. En el jaldismo miran con desconfianza a estos protagonistas y esto se ha manifestado en múltiples oportunidades desde que comenzó la gestión.

Este entramado explica que la intervención en la CPA fue una jugada preventiva con excusa de fin de ciclo. Jaldo decidió cortar antes de que el ruido se convirtiera en ruptura y eligió hacerlo con un gesto de autoridad. No hubo negociación ni salida elegante.

En el jaldismo interpretan esa conducta como coherente con una forma que se viene repitiendo. Cuando el tranqueño detecta un foco que puede escalar o tiene dudas sobre el desempeño de alguien, avanza. No dilata ni delega las definiciones.

La interna con el manzurismo es una gran muestra: esa pelea por la sucesión se desencadenó dos años antes de las elecciones provinciales.

El mismo titular del Ejecutivo bromeó en la conferencia de prensa respecto a cómo encara estos procesos y a que sus colaboradores se enteran de que habrá algún cambio cuando aparece la Biblia sobre la que deben jurar. Cabe recordar la anécdota de un dirigente que se enteró la misma mañana que se convertiría en secretario de Estado y al que el tranqueño le pidió que entrara sin corbata a la Casa de Gobierno para no avivar a nadie.

El costo de ese método también es conocido. Cada decisión de esta naturaleza deja un tendal de heridos y alimenta desconfianzas que luego cuesta recomponer.

La pregunta que comenzó a circular en los despachos dirigenciales es qué consecuencias traerá la movida. Son varias las incógnitas y tienen que ver con qué camino seguirán las figuras involucradas.

En el peronismo no jaldista hubo ebullición en estos días porque la novedad cayó como un balde de agua fría. No porque no lo esperaran, sino por el momento del año. Piensan que para toda acción política hay reacciones y creen que se darán pronto.

Hacia fines del año pasado, habían iniciado conversaciones sobre la posible conformación de un armado electoral que reúna al sector no jaldista y opositor al Gobierno nacional, con la idea de disputar lugares como lo hicieron en los comicios del 2025. Es probable que este proceso se acelere, al igual que los tiempos.  

El estilo

El propio gobernador se encargó de definir su lógica de conducción. Explicó que no anticipa decisiones ni las hace circular por los pasillos antes de ejecutarlas. Según Jaldo, ese método responde a una convicción: cada medida debe ser pensada, repensada y analizada, porque una vez anunciada no admite marcha atrás. Por eso evita comunicar con anticipación cambios o medidas. “Un gobernador que toma una decisión y la ejecuta inmediatamente”, se autodefinió.

Señaló que no gobierna preguntando “en todas las esquinas” a quién debe designar y resaltó que fue electo con el 56% de los votos en 2023. Esa legitimidad, sostuvo, le impone la responsabilidad de conducir el Ejecutivo y de garantizar el funcionamiento de los poderes del Estado y de los organismos autárquicos.

Cuando habla de repensar, habla también de hacerlo a la distancia. No es la primera vez que vuelve de vacaciones y efectúa anuncios. De hecho, su equipo de trabajo esperaba definiciones a su vuelta.

A principios de enero del año pasado, Jaldo también movió el tablero a su llegada. Incorporó a Hugo Cabral en vez de Nora Belloni en el Instituto Provincial de la Vivienda y cambió a los titulares del Sepapys y la Dirección del Agua.  

El patrón se repitió ahora con la CPA.  En la Casa de Gobierno lo describen como una manera de evitar filtraciones y de impedir que los conflictos se administren en público antes de resolverse.

La Caja reunía varias condiciones para convertirse en un foco de tensión, leen en el jaldismo. Por su peso institucional, por su vínculo con un sector del peronismo no alineado al jaldismo y por los cruces recientes con otros organismos del Estado.

En el entorno del gobernador sostienen que ese estilo le permitió atravesar momentos complejos sin perder el control del tablero.

Con la mirada puesta en 2027, el gobernador empezó a medir fuerzas y también lealtades. Los que lo conocen apuntan a que prefiere asumir el costo  antes que convivir con zonas grises.

La escena del viernes en el antedespacho cerró un círculo. La pregunta sobre su estilo, su intervención en la conducción de la Caja y el mensaje hacia adentro del justicialismo fueron partes de la misma jugada. Jaldo empezó a escribir su 2027 con el mismo estilo con el que gobierna: decisión rápida, costo asumido y conducción personal. Ahora, sabe, vendrán las consecuencias.