Solidaridad en la noche de La Madrid: el rescate de cuatro abuelas atrapadas en un techo, "delivery" de guiso y aventones en lancha
En medio del horror por las inundaciones y dentro mismo de un angustiante campamento a la vera de la ruta 157, la aparición de "héroes anónimos" son una luz en el camino.
ELEMENTOS BÁSICOS. El reparto de agua potable en pleno campamento de la ruta 157, en La Madrid. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
José Varela llegó a La Madrid el primer día de las inundaciones que padece la provincia este año. Vino desde el barrio Belvedere de Concepción, donde funciona “Corazones Unidos”, una agrupación solidaria que lidera junto a la familia Varela. Esa primera noche ayudó a sacar cosas hasta la ruta mientras llovía con fuerza. A las seis de la mañana estaba en su casa. A las 11 ya había vuelto, esta vez con una lancha y un amigo.
Con naturalidad y compromiso contó que en esos primeros viajes en lancha hicieron alrededor de 10 recorridos sacando gente, niños, perros y gatos. En uno de ellos encontraron a cuatro mujeres ancianas subidas al techo de una casa a las cuales rescataron. En plena noche e instalados en un punto de la ruta con luz suficiente para cocinar, la agrupación de José repartía mate, fruta y comida caliente.
José recuerda las inundaciones de 2017 gracias a los relatos de la propia gente a la que ayuda. “Es la primera vez que yo hago esto y la gente misma dice que esta vez ha sido muchísimo peor. Fue algo feo para todos porque cuando entrás a ayudar ahí ves gente llorando, angustiada, con bronca, con rabia y a uno lo pone mal”, cuenta. “Mucha gente está enojada porque le hace falta comida, esto y aquello, pero bueno, todos tratamos de ayudar", agrega.
Para la organización de la ayuda que brindan, también se apoyaron en los policías. Estos les decían “ustedes lleven esto para aquí y tal otra cosa para allá. Busquen a gente y nosotros los ayudamos con esto otro".
La gente comienza a acercarse a la olla popular de Varela pero a la vez también funciona el "delivery": "salimos a repartir en dos camionetas", cuenta. Pasada la medianoche, una de estas aparece cruzando despacio, como pidiendo perdón ante un posible despertar de la gente. En la caja lleva una olla grande: "Guiso calentito, doña", se oye desde adentro, dirigido a quien aparezca despierto.
OLLA POPULAR. En medio de la ruta, un grupo de personas cocinan un guiso que repartirán en el campamento. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
Amigos solidarios
No lejos de ahí, otro grupo de amigos solidarios se había instalado hacía apenas un par de horas. Desde Banda Rio Salí, Luis Díaz, explicó que no pertenecían a ninguna organización. "Somos amigos", dijo. Trajeron comida y agua con sus propios recursos, sin pedirle a nadie. Conocían gente en La Madrid y eso alcanzó como razón y comenta “venimos más que nada porque, para ayudar. Para ayudar a la gente.”
Planeaban repartir hasta acabar las provisiones, y regresar al día siguiente o pasado, mientras fuera posible.
Más lejos en la cadena de voluntarios, aunque no en distancia, había llegado un grupo que se conocía por un motivo enteramente distinto: la pesca. Néstor Rivadeneira, oriundo de Bellavista, era parte de esa red de pescadores de distintos puntos de Tucumán. Pescadores de San Miguel, Las Talitas, Alderete, que compartían salidas y un grupo de WhatsApp. Cuando llegaron las noticias de La Madrid, ese grupo resignificó su pasión por la pesca como un servicio voluntario. “a través de un grupo de WhatsApp, nos pusimos en contacto y hemos decidido venir a colaborar en horas de la tarde con esta gente. Así que desde horas de la tarde que estamos colaborando con la gente, sacando animales, sacando gente, llevando comida, llevando agua.” comenta.
"Ningún político sabe que estamos acá", dijo Rivadeneira. Vinieron con fondos propios y cinco lanchas. Desde las ocho de la mañana estuvieron navegando por las calles del pueblo, rescatando personas, trasladando enfermos, ancianos, familias enteras. Aunque “hay gente que lamentablemente quedó en el agua y que no quiere salir por temor a que le roben sus cosas.” El panorama que describieron era el de un lugar que no reconocían: la plaza con un metro ochenta de agua, los carteles de las calles a punto de desaparecer bajo la superficie, las casas convertidas en islas. Un panorama “deprimente” lamentó Rivadeneira.
FUNDAMENTAL. Personas como el pescador Luis Díaz, pusieron a disposición sus lanchas para ayudar a rescatar gente. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
Adentro del pueblo “Te encontrás con heladera flotando, con palos, con árboles, con alambre. Entonces, al no poder navegar, por razones de seguridad, hemos decidido ya no entrar nuevamente. Esperar la hora de la mañana, ya entrar con luz, para poder seguir colaborando con esta gente y llevándole suministro” finalizó.
En los techos vieron animales de gran porte que no pudieron rescatar. No tenían experiencia con eso, dijeron, y lo nombraron con pena. Pero sí pudieron sacar a los que esperaban, a quienes aceptaron subir a las lanchas.
Al caer la noche, los pescadores decidieron no entrar más al agua pero cuentan con una cantidad interminable de rescates.





















