Tiago Peñalba está tranquilo y no necesita levantar la voz para explicar en qué punto de su carrera está parado. Tiene 21 años, es defensor central y conoce La Ciudadela desde adentro. Llegó en 2018, se formó en la cantera y fue creciendo en un San Martín que, una y otra vez, vuelve a empezar. Hoy, con un nuevo cuerpo técnico, un plantel renovado y un año que vuelve a exigir todo, el zaguero asume el momento habiendo atravesado ya más de una tormenta.
El 2025 no fue un año sencillo para él. Cuando parecía que podía consolidarse, quedó fuera de las primeras convocatorias y no logró continuidad en el arranque del torneo. Jugó las primeras cuatro fechas y después tuvo que esperar. Doce partidos pasaron hasta que volvió a sumar minutos, recién en junio, cuando disputó los 90 minutos frente a Almagro. Volvió directo a la cancha y respondió. A partir de ahí, alternó presencias, tuvo intermitencias, pero logró cerrar el año con 16 partidos jugados sobre 36, un total de 1.010 minutos y una sociedad defensiva que, en varios pasajes, le dio solidez al equipo.
Ahora el contexto es otro. Nuevo entrenador, casi un plantel desde cero y una pretemporada que volvió a abrir el juego. Tras los amistosos en Santiago del Estero, Peñalba fue titular en el empate sin goles ante Güemes y se mostró conforme con lo que el equipo empieza a construir. “Estoy muy tranquilo y cómodo. Lo que vamos a mostrar en la cancha es la idea que tiene el cuerpo técnico. Estos amistosos son importantes porque, por momentos, pudimos plasmarla en los dos partidos que jugamos y siempre se saca algo positivo”, explicó.
Desde afuera, San Martín parece un equipo más directo que el del año pasado. Desde adentro, Peñalba lo confirma, pero sin comparaciones tajantes. “Son ideas diferentes las que tiene cada cuerpo técnico. Nosotros tratamos de llevarlas a la cancha, de ver hasta dónde podemos aplicarlas y qué podemos sumar para que se den de la mejor manera desde la primera fecha del torneo”, sostuvo.
El objetivo, como casi siempre en La Ciudadela, no cambia. El club exige y el plantel lo asume desde el primer día. “Las expectativas son siempre el ascenso. San Martín exige eso porque es un club grande y queremos sumar lo más posible. Desde mi lugar, pero también en lo grupal, el objetivo siempre es y será servir al club”, remarcó.
En ese camino, la dupla central que conforma con Guillermo Rodríguez tiene un valor especial. Los une la historia y el recorrido. “Ya habíamos jugado juntos en la Liga. Es una alegría, nos sentimos bien y cómodos. Es una satisfacción porque se nota que estamos haciendo las cosas bien y la verdad es que nos complementamos muy bien”, contó.
La llegada de refuerzos también obliga a ajustar tiempos y sociedades, pero el defensor lo vive como parte natural del proceso. “Estos partidos y los viajes sirven para conocernos mejor entre todos, dentro y fuera de la cancha”, señaló.
Desde lo táctico, el nuevo cuerpo técnico le exige algo más que defender. La presión alta y la agresividad en campo rival aparecen como consignas claras. “Se juega un poco más cerca de los atacantes. El técnico nos pide presión y ser lo más punzantes posible, y para eso tenemos que estar preparados”, describió.
Peñalba sabe que su recorrido no fue lineal. Desde aquel juvenil que llegó a probarse, pasando por préstamos, lesiones y regresos, el aprendizaje fue constante. Hoy, con apenas 21 años, carga con experiencia en un club que no espera. Por eso, cuando imagina el cierre del año, no duda ni matiza. “Este fin de año me lo imagino ascendiendo”, afirmó.
En San Martín, Tiago Peñalba representa a una generación formada en casa que insiste. No promete más de lo que puede dar. Defiende, espera su momento y vuelve. Como el equipo al que pertenece, sigue creyendo que el camino, aunque empiece otra vez desde cero, vale la pena.