La década de 1920 quedó grabada a fuego en la historia de San Pablo. Fueron años de consolidación, crecimiento institucional y dominio deportivo, en los que la entidad del ingenio logró instalar su nombre entre los grandes protagonistas del fútbol tucumano. En ese período, el equipo “paulistano” conquistó tres títulos del torneo Anual organizado por la Federación Tucumana de Fútbol: 1922, 1926 y 1928, una trilogía que marcó su época dorada.

El certamen federacionista había comenzado a disputarse en 1919, con San Martín como primer campeón, mientras que las ediciones siguientes quedaron en manos de Atlético. En ese contexto competitivo, San Pablo irrumpió con fuerza para quebrar la hegemonía capitalina y llevar la gloria futbolística más allá de los límites de la ciudad. El título de 1926 fue, quizás, el más celebrado, por la forma en que se definió y por el impacto popular que generó.

El 12 de septiembre de ese año, a una fecha del final del torneo, San Pablo se enfrentó a Talleres Central Norte y empató 2 a 2 en el José Fierro. El resultado, combinado con la inesperada derrota del “Decano” frente a Comandante Araujo, le permitió a los ingenieros asegurarse el campeonato de manera anticipada. Aquella jornada quedó inmortalizada en las páginas de LA GACETA, que dedicó una cobertura a toda página para narrar los detalles del partido decisivo. “San Pablo ha conquistado un empate que para él es triunfo dada la situación que ocupa en la tabla. En los primeros momentos sus hombres actuaban desconocidos, sus avances mal llevados, individuales en la mayoría de los casos, no empleaban a la defensa y hacían que ésta echase mano de todos los recursos necesarios para ser neutralizados”, señalaba la crónica de aquella jornada.

HISTORIA. El viejo ingenio de San Pablo, escenario cotidiano de muchos jugadores. Allí trabajaban a diario y, fuera de turno, el fútbol era pasión y distracción que forjó equipos, identidad y campeones.

El encuentro se disputó ante un marco imponente de público. Muchos hinchas habían llegado desde la localidad sureña en tren, anticipando una celebración que finalmente se concretó ese mismo día. El marcador se abrió con un potente remate de Jarjal desde unos 30 metros. Talleres reaccionó y logró el empate por intermedio de Salvatierra, tras una serie de rebotes, y luego pasó al frente con un tanto de Nieva, que le permitió irse al descanso con ventaja. En el complemento, San Pablo insistió hasta que, a los 19 minutos, un disparo de Espeche generó un rebote del arquero que Billón aprovechó para marcar el gol del empate. El pitazo final desató gritos, abrazos y una fiesta que ya nadie podía detener.

Una derrota celebrada

Las noticias que llegaban desde otros escenarios reforzaron la alegría. Central Norte derrotó a All Boys y quedó relegado en la tabla, pero el resultado más celebrado se produjo en la cancha de Bomberos, ubicada en Muñecas al 1.000, donde Comandante Araujo goleó 4 a 1 a Atlético. Ese marcador dejó al conjunto de 25 de Mayo y Chile lejos de la cima y confirmó la consagración de San Pablo. El regreso en tren hacia el sur fue, según los relatos de la época, una verdadera caravana de festejos.

Las celebraciones continuaron en la sede del ingenio y también en la señorial casa de la familia Nougués, propietaria de la fábrica, que se convirtió en punto de encuentro para socios, jugadores y simpatizantes. El campeonato se cerró oficialmente la semana siguiente con un empate 2 a 2 ante San Martín, y el equipo campeón quedó conformado por Lemos; López y Alberti; Ibáñez, Ferreyra y Jarjal; Billón, Herrera, Gutiérrez, Rueda y Espeche.

La consagración de 1926 no fue un hecho aislado. Cuatro años antes, en 1922, San Pablo ya había dejado una huella profunda al consagrarse campeón invicto, llevando por primera vez el trofeo federacionista fuera del ámbito de la capital tucumana. Aquella campaña fue recordada como una de las más sólidas del período. El partido clave se disputó el 5 de noviembre de ese año, cuando San Pablo y Atlético se enfrentaron en la localidad sureña. Desde las páginas de LA GACETA se invitaba a los aficionados a tomar el tren y asistir a un duelo que prometía ser decisivo. La crónica reflejó el desarrollo del encuentro con precisión. “Desde la iniciación de este match pudo notarse que ambos bandos maniobraban con toda corrección, llevando ataques continuos hacia las vallas defendidas por Sica y Lemos”, escribió el cronista de nuestro diario.

El trámite fue tan parejo como intenso. Atlético abrió el marcador a los 17 minutos del primer tiempo; San Pablo igualó en el complemento y, tras una sucesión de goles en los minutos finales, logró quedarse con una victoria que encaminó el título. Aquel equipo campeón estuvo integrado por Lemos; Alberti y Guzmán; López, Ferreira y Jarjal; Ruiz, Rueda, Iturre, Herrera y Molina.

NOTICIA. A una fecha del cierre del certamen de 1926, nuestro diario informó que el empate 2-2 contra Talleres selló la consagración de San Pablo como campeón.

La goleada al “Cuervo”

La supremacía se reafirmó en 1928, cuando San Pablo volvió a consagrarse campeón sin conocer la derrota. Ganaba, gustaba y goleaba. Uno de los triunfos más resonantes fue el 5 a 0 frente a Concepción, partido que terminó antes de tiempo por pedido del capitán visitante, ante la clara diferencia entre ambos equipos. Esa campaña ratificó el poderío del conjunto del ingenio, que formó con Díaz; Ibarra y Alberti; Ibáñez, Ferreyra y Arias; Billón, Herrera, Gutiérrez, Rueda y Espeche.

Fundado el 1 de noviembre de 1911, San Pablo nació al calor del desarrollo azucarero y ferroviario de la provincia. El ingenio fue creado por Juan F. Nougués, y uno de sus descendientes, José Padilla, gerente de la planta, fue quien impulsó la creación de la institución junto a obreros, empleados y comerciantes de la zona. Con camiseta azul y oro, San Pablo construyó una identidad propia que encontró en los títulos de 1922, 1926 y 1928 el punto más alto de su historia futbolística.