A Gonzalo Paz se lo puede encontrar antes de que empiece cualquier jornada importante. En Tafí, eso pasa así. Alguien abre una tranquera, otro acomoda una mesa, alguien saluda de lejos y, en algún punto aparece él, con la mirada lista para ubicarte antes de que digas tu nombre. Te sonríe de una manera que te hace pensar que ya te estaba esperando.

Por eso, cuando en la edición 52 de Intervillas anunciaron que el evento iba a llevar su nombre, no sonó a novedad. Intervillas 2026 se llama “Gonzalo Marcos Paz” y el homenajeado camina sus 87 años con timidez y picardía; sí, las dos a la vez. Esa mezcla se le nota cuando habla de sí mismo y le baja la importancia como si estuviera contando una anécdota ajena.

En el Club Tafí del Valle, Miguel Terán (h) puso en palabras lo que muchos sienten cuando llega febrero y las villas vuelven a cruzarse en canchas, pistas y campos. Es una emoción que se renueva porque la gente se renueva. Y en ese movimiento aparece, como un hilo que no se corta, el nombre de Gonzalo. “Ver a las nuevas generaciones hacerse cargo y continuar el legado es un orgullo enorme”, expresó Terán.

El club lo sabe y Tafí también. Gonzalo está metido en la vida del valle de una manera difícil de explicar con un currículum. Es una cara que te alegra la llegada, un abrazo que no necesita ceremonia, un tipo —como dice Miguel— que te arranca una risa con una frase bien puesta. Es ameno, entretenido, un tejedor de recuerdos. En la vereda de Popey, un mediodía cualquiera, un gin tonic y su repertorio de anécdotas alcanzan para que el tiempo pase distinto.

MEMORIA VIVA. A los 87 años, Gonzalo Paz sigue presente en cada rincón del Club Tafí del Valle, el espacio que ayudó a construir y a sostener desde sus inicios. Gentileza Ernesto Paz

Gonzalo llegó a Tafí para quedarse en 1961. Ya visitaba el valle antes, con sus padres y sus tíos, en tiempos en los que el verano se vivía con otra calma. En ese año, cuando cursaba cuarto año de Agronomía, tomó una decisión que marcó el resto de su vida. Dejó los estudios y se fue a trabajar con su tío Justiniano Frías Silva, administrador de las estancias de El Mollar, Las Carreras y La Banda.

El arranque fue con susto y carcajada. Llegó, se acomodó y, al día siguiente ya estaba en problemas. “Mi tío me corrió porque yo había corrido a unos amigos de él, a los que quería mucho”, dijo. La escena, contada por Gonzalo a LA GACETA, parece de película: el joven recién instalado, el tío con carácter, un enojo breve y una reconciliación rápida. Se quedó cerca igual, y por una razón que todavía le divierte recordar: “Volví porque no tenía con quién jugar al ajedrez y escuchar música”, explicó.

Ahí empezó su vida en el valle, de la mano de la agricultura y el trabajo de campo. Su formación le daba una base en zootecnia y el momento del país empujaba a buscar alternativas. En Tucumán se cerraban ingenios y en muchas zonas empezaban a aparecer tambos. Gonzalo, desde Tafí, fue parte de ese movimiento con las manos en la tierra. “Ayudé a hacer tres tambos acá”, comentó.

RECUERDO. Gonzalo Paz junto a sus hijos, en una imagen de otros veranos en Tafí del Valle Gentileza Ernesto Paz

Con el tiempo, su vínculo con Tafí fue tomando otros caminos. También ocupó roles públicos: fue 15 años delegado comunal de Tafí, Amaicha y Colalao del Valle, y más tarde fue el primer intendente. En el club, su nombre aparece en fotos que hoy se miran con cariño, como una de 1964, cuando se enterró la botella inaugural que marcó el inicio de la construcción de la sede. Gonzalo está ahí, posando con amigos y parientes, en una imagen que el tiempo volvió entrañable.

Antes del club ya había competencias de verano con fútbol, rugby y polo. Los que tenían casa en Tafí jugaban; los que viajaban, se sumaban. En algún momento se dieron cuenta de que hacía falta ordenarlo, darle una base. “Resolvimos hacer un club para competir”, recordó. El inicio tuvo su cuota de picardía entre conocidos. “Intervillas empieza cuando, en cierta forma, usurpamos un terreno de una familia amiga”, relató. Después vino la parte más artesanal: cavar, marcar, arrancar. “Cavamos los cimientos y enterramos una botella de sidra vacía”, describió.

Las primeras ediciones tenían ese aire de pueblo chico en el que todos se conocen. Primero los lugareños, después se invitó a otros: Monteros, Amaicha, equipos de polo de Salta. Las disciplinas fueron creciendo y el club también. Sumaron cancha de tenis, sumaron propuestas, se agrandó el calendario.

Cuando alguien se sienta a charlar con él, los datos se vuelven cuentos. Sabe contarte que fue campeón de truco cuatro años seguidos. Sabe contarte que salió tercero en una carrera de cross country. Sabe contarte que fue campeón de dobles de tenis junto a Otto Paz, su primo, homenajeado en la edición anterior. Y también te suelta, como al pasar, una de esas precisiones que hacen sonreír a los que aman los comienzos. “Romirio Yapura, albañil de mi tío Justiniano, cavó los primeros cimientos”, señaló.

Hoy, Intervillas tiene otra escala. Participan Raco, Marcos Paz, Villa Nougués y Tafí. Se organizan jornadas intensas, hay una estructura aceitada, hay responsabilidades repartidas. Gonzalo mira ese crecimiento con alegría. Participó hasta que el cuerpo le marcó un límite. “Estuve en Intervillas hasta que no podía subirme al caballo”, contó.

COMPAÑÍA. Gonzalo Paz junto a su esposa, con quien comparte la vida en Tafí del Valle y el reconocimiento de una comunidad que lo siente parte de su propia historia. Gentileza Ernesto Paz

Al homenaje lo tomó con alegría y con un autochiste. “Estoy encantado con este homenaje y creo que es por ser viejo en Tafí”, bromeó. Lo dijo con gusto, y enseguida apareció Otto en la conversación, porque así funciona la memoria: no se queda sola. “A Otto lo quiero mucho; lo homenajearon el año pasado y ahora a mí”, comentó.

“Mi único mérito es haber vivido, trabajado y producido en Tafí”, afirmó. Y también se permite sinceridad entre las bromas. “Ya no lo hago; si te digo que sí, miento”, aclaró. 

Este fin de semana irá con su familia, su mujer María Julia Gutiérrez y sus hijos. Lo acompañarán amigos que vuelven en verano, los de siempre, los que lo saludan con cariño y se quedan un rato. En Tafí, esa clase de compañía tiene un valor especial porque se sostiene con el tiempo. “No somos tantos como para no conocernos todos”, dijo.

En esa frase se cuela, sin querer, el resumen de Intervillas. Un evento que creció, que sumó generaciones, que cambió de manos sin perder la esencia del encuentro. Un club que dejó de ser “de veraneantes” para transformarse en centro de la vida social y deportiva del valle. Y un hombre que estuvo desde el inicio, que ayudó a empujar, que fue sostén, que hoy mira y disfruta. Gonzalo espera el fin de semana con ilusión. Quiere ver gente querida, quiere compartir, quiere reírse. Y se guarda un último deseo que ya es su marca registrada. “Espero que estén y espero que el brindis sea gratis”, finalizó riéndose.