Es frecuente que, tras abrir una botella de vino, una pequeña cantidad permanezca en el fondo sin ser consumida. Muchas personas deciden desechar este sobrante por desconocimiento, perdiendo así un ingrediente con gran potencial gastronómico que funciona como un recurso valioso para mejorar diversas recetas en el futuro.
Cantar cuando algo bueno está por suceder: el ritual de Ernesto Bajda, creador del vino más premiado de Catena ZapataLa técnica ideal para no tirar el resto de vino implica el uso del congelador, una solución efectiva que mantiene las propiedades del producto durante varias semanas. Mediante este proceso, el usuario asegura el aprovechamiento total de la unidad, evitando el desperdicio y garantizando que el sabor perdure intacto para su uso posterior en guisos o salsas.
Por qué deberías congelar el vino que sobra
Tras el descorche, el oxígeno interactúa con el líquido y degrada sus propiedades organolépticas en un tiempo breve, incluso bajo refrigeración constante. No obstante, la división del sobrante en compartimentos pequeños para su posterior congelación detiene este deterioro, permitiendo disponer del producto en cualquier momento sin la presión de consumirlo de inmediato.
Esta técnica de preservación resulta infalible para usos culinarios, ya que las bajas temperaturas apenas influyen en el resultado final de las preparaciones al fuego. Lejos de arruinar la receta, la integración de estos cubos de vino en salsas o estofados potencia las fragancias y otorga una complejidad de sabor mucho más marcada a cada plato. Para congelarlo solo debés poner los restos en cubos de hielos y dejarlos en el freezer.
Para qué sirve el vino congelado en la cocina
-Salsas y guisos: un cubito de vino tinto o blanco realza el sabor de estofados, carnes al horno y salsas caseras.
-Arroces y risottos: agregarlo al inicio de la cocción potencia el gusto final del plato.
-Reducciones y fondos: ideal para lograr sabores intensos en menos tiempo.
-Marinadas: sirve para marinar carnes o verduras antes de cocinarlas.