Por Alejandro Duchini para LA GACETA
Nacido en Madrid, España, en 1975, Andrés Barba vive en la ciudad de Posadas, Misiones, desde que se mudó junto a su pareja argentina. Dice que ese lugar es apropiado para criar a sus hijos y, a la vez, para leer, pensar y escribir. Sus trabajos no pasan sólo por la novela, sino también por los ensayos, las traducciones y los guiones. La pandemia cambió planes: fue un tiempo en Buenos Aires, otro en Nueva York, pero Misiones se transformó en su casa-base de operaciones.
“De repente, lo que era una trinchera se convirtió en un lugar donde hacer crianza”, sonríe ante LA GACETA Literaria mientras bebe agua en un bar de Buenos Aires y habla de su familia y del crecimiento de sus hijos. El encuentro tiene asidero en la publicación reciente de su novela Auge y caída del conejo Bam (Anagrama). Una historia que funciona como fábula para adultos y que se lee de un tirón. El protagonista, Copito, es un conejo que mira cómo transcurren los hechos a su alrededor a partir del crecimiento de Bam como líder. Es una historia que calza a la perfección con la sociedad actual. Y sobre todo, como dice Barba, con la idea de la libertad en este mundo que parece cada vez más caótico.
-¿Por qué la libertad?
-¿Cómo ha ocurrido que la palabra libertad en los últimos diez años, en términos de retórica política, haya sido como una cosa casi impensable, con su robo de parte de la ultraderecha? Mucho de lo que nos pasa, pues, tiene que ver con nuestra experiencia de la pandemia, una experiencia traumática en el sentido de que tiene todas las condiciones de trauma pero, sin embargo, la negamos por completo, como si no hubiera ocurrido nunca. La idea original del libro era crear como un ejército de juguete en forma de fábula animalística que sirviera para contar estas cosas que nos están ocurriendo y con las que no sabemos cómo manejarnos. Aunque, aclaro, no tuve la intención de dar una moraleja y decir éstos son los chicos buenos y éstos son los malos.
-¿A qué se debe la temática?
-Ya estaba como metido en la historia, jugando con los personajes, cuando me di cuenta de que me interesaba la genealogía del líder ¿Cómo se construyen los líderes políticos? Cómo se construye su identidad, cómo van tomando conciencia de la persona que son y de la persona que la comunidad necesita. Cómo en última instancia los líderes nacen para ser devorados por la propia comunidad que los construyó. En este caso cuento con dos personajes principales que tienen alrededor varios satélites; y todos contribuyen a crear al líder.
El amigo Copito
-Más allá de Bam, está Copito.
-El más importante detrás de Bam, que es el líder. Copito es más que su legatario. Es el historiador, el cómplice, el amigo, el legitimador que permite la creación de la institución, pero también acaba siendo parte de la policía política de la Gran Madriguera y, en última instancia, el sacerdote, el poseedor del legado y el constructor del relato mitológico de Bam. Es decir, el creador de la gran mentira.
-¿Recordás cuándo y cómo se te ocurrió contar la historia a partir de conejos?
-Estuve en Nueva York en tiempos de pandemia y vi episodios de locura en las calles. Como gente deambulando, o gente que de la nada te pegaba una trompada. ¡A mí me pasó eso! Un tipo, de la nada, me pegó una trompada. Se percibía un mundo sanitario colapsado. Yo tenía al lado de mi cama una libreta en la que apunté, a mitad de una noche, algo que me sorprendió a la mañana, al despertarme: conejo borgeano. ¿Qué quería decir? ¿Qué es un conejo borgeano? De repente, esa idea me llevó a hacer una fábula animalística con un conejo que fuera al mismo tiempo muy perspicaz, muy autoconsciente. Al principio no me funcionaba, pero dos años después todo me empezó a cuadrar y la novela fue saliendo. A veces los libros son solo una cuestión de tono. Y este fue así.
-¿Descubriste por qué el conejo?
-No. Porque no tengo nada particular con los conejos. Nunca tuve conejo de chico ni nada parecido. Pero supongo que se debe a que el conejo cuadra con la retórica política a muchos niveles. En términos de velocidad mental, en la histeria y en el pánico. Porque en muchos sentidos lo que caracteriza al conejo es el miedo. Y el miedo es la gasolina política del populismo: las estrategias retóricas de los líderes populistas de la actualidad están cruzadas por generar miedo hacia lo otro. Miedo y odio.
-Como en las redes sociales.
-Claro. Fíjate que en Instagram eres un adolescente. Sea lo que hagas, no te permite otra cosa que ser un adolescente. No se puede ser ecuánime si se tienen 200 o 280 caracteres para comunicarse. Es necesario habilitar un sistema nuevo donde nos podamos comunicar de otra forma, porque en este contexto no nos podemos comunicar.
-¿Tenés redes sociales?
-Me fui de todas. Tenía Instagram.
-¿No te preocupa perderte cosas?
-No. Porque son como el ruido molesto de la lavadora, que solo percibes lo molesto que era cuando se corta. Al abandonar Instagram pasa lo mismo. Fue como un alivio, una liberación de una carga muy molesta. Las estrategias para que uses las redes son las del miedo a quedar afuera de todo. Pero eso no pasa: los contactos que uno quería mantener se siguieron manteniendo por otras vías. Y los que no, desaparecieron y no pasó nada. Para mí, las redes ya eran más una carga que una forma de comunicación.
-¿Qué importancia le das a la Inteligencia Artificial respecto del futuro de los escritores?
-Creo que la escritura de la IA y la de un ser humano son cosas distintas. Sobre todo por nuestra relación con la verdad y, por otro lado, por nuestra relación con lo creativo. La IA puede escribir sus propios cuentos, novelas, ensayos, e incluso puede hacerlos en una hora. Pero no es lo mismo. Porque por más información que se le cargue, la IA es muy mala en pensamiento inductivo. Es decir, muy mala para romper las estructuras naturales de lo esperable. Faltan muchos años para que llegue al terreno de lo creativo, sobre todo desde el punto de vista literario. No la considero una amenaza.
-¿La tecnología llegó para ayudarnos?
-Creo que lo importante a lograr es que los individuos no se vuelvan intelectualmente perezosos. Al mismo tiempo, el nivel de incidencia de los individuos nunca ha sido tan grande como hoy. Porque casi cualquier persona puede iniciar una revuelta si encuentra las estrategias para hacerlo.
-Ahí se pone en juego otra cuestión: cuál es la verdad.
-De hecho, los seres humanos estamos atravesados por nuestro enorme desconcierto sobre qué es verdad y qué es mentira. Se ve, y vuelvo al tema, en las redes sociales: lo que comunicamos en ellas tú sabes que yo sé que esto es mentira, que tu vida no es así, que estás haciendo una imagen de ti mismo y que es una imagen ficcional. Si hay un tema de cada siglo, el más importante de éste es la verdad. La verdad ha colisionado por completo. Recuerdo que (Donald) Trump dijo en un discurso bajo la lluvia que no estaba lloviendo y hubo gente que cerró sus paraguas mientras llovía. Fue un momento de terror.
-También falla la comunicación.
-La comunicación está rota a unos niveles tan estructurales que da igual lo que le digas a una persona que asegura que la tierra es plana. No hay forma de convencerlo de que no lo es.
-¿Qué lecturas se anticiparon al tiempo actual?
-Hay muchos textos de (Franz) Kafka que, curiosamente, anticipan estos conflictos tan contemporáneos, como el político, la posguerra o la obsesión con la seguridad. De tan contemporáneos, sus textos podrían haber sido escritos, literalmente, hoy. Hannah Arendt fue clave para que entendamos los totalitarismos. También es una autora que sirve para entender la post verdad. Afortunadamente hay muchos más autores que sumar.
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PERFIL
Andrés Barba (Madrid, 1975) se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del Premio Herralde de Novela), a la que siguieron dos libros de nouvelles titulados La recta intención y Ha dejado de llover (Premio Nord-Sud), y siete novelas más, que lo confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación. Algunas de ellas son Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Muerte de un caballo (Premio Juan March) y República luminosa (Premio Herralde y Prix Frontières). Su obra se ha traducido a 22 idiomas en algunas de las editoriales más prestigiosas del mundo.