A las 18.42, en la puerta del hotel Catalinas Park, punto de encuentro del plantel de Tarucas, Pablo Pérez Toranzo, mánager de la franquicia, tomó la palabra y marcó el inicio de una jornada distinta. No habló de cargas físicas, ni de planificación semanal, ni de objetivos deportivos. Habló de la ciudad. Del recorrido que estaban por hacer. De la idea de conocer Tucumán más allá de la cancha y del gimnasio. De entender dónde estaban parados.
Con los jugadores reunidos sobre la vereda (algunos con el mate ya armado), Pérez Toranzo explicó cómo sería el city tour por San Miguel de Tucumán. El mensaje fue claro desde el arranque: salir por un rato del eje del rugby sin dejar de construir equipo. Mirar alrededor. Escuchar. Aprender.
La logística fue simple. Dos colectivos aguardaban para trasladar al grupo y, por una cuestión práctica, el plantel se dividió en dos. No hubo rupturas ni distancias: el clima fue el mismo en ambos micros. Charlas cruzadas, risas, comentarios sueltos y una sensación compartida que se instaló rápido: aquello se parecía más a un viaje de colegio que a una actividad formal de un plantel profesional.
Apenas los micros empezaron a rodar, los primeros en tomar la posta no fueron entrenadores ni dirigentes, sino los vloggers Miguel Mukdise y Nicolás Macome, que asumieron el rol de interrogadores. Las preguntas iban y venían, en tono lúdico: ¿cuándo se fundó Tucumán?, ¿cómo se llamaba originalmente la Plaza Independencia?, ¿qué sabían de la Batalla de Tucumán? Francisco Moreno fue el primero en animarse a responder. No hubo correcciones ni exigencias. No se buscaba precisión académica, sino abrir la charla, despertar curiosidad y empezar a mirar la ciudad con otros ojos.
Guías
Luego la palabra pasó al capitán. Matías “Tostao” Orlando, tucumano y una de las voces más respetadas del grupo, empezó a ocupar un rol distinto al habitual. No habló como líder dentro de la cancha, sino como anfitrión. Como alguien que conoce el lugar y se anima a contarlo. Orlando fue el primero de varios jugadores tucumanos que, a lo largo del recorrido, funcionaron como guías turísticos improvisados, aportando datos, anécdotas y contexto.
Mientras los colectivos avanzaban, la ciudad se desplegaba detrás de los vidrios. Lapachos, tipas e ibirapitás marcaban el paisaje del parque 9 de Julio, y un dato apareció como punto de partida temporal del viaje: 1565, el año de la fundación de Tucumán. La idea, explicaron, era clara: viajar al pasado para entender mejor el presente.
Primera excursión
La primera parada fue el Reloj Floral, uno de los íconos urbanos más reconocibles del Parque 9 de Julio. Allí, el relato se detuvo en su historia: el origen, la idea de emplazarlo en el Rosedal y su valor simbólico a lo largo de las décadas. Se habló de las fotos de casamiento y de cómo un objeto puede transformarse en memoria colectiva. Los jugadores escuchaban atentos, sacaban fotos, preguntaban. El rugby, por un rato, quedaba completamente en pausa.
El clima era distendido, casi lúdico. Nadie miraba el reloj. Nadie parecía apurado. El tour avanzaba al ritmo de la curiosidad.
Valor histórico
El recorrido continuó hacia Barrio Sur, con la Plaza Belgrano como eje. Allí el tono del relato cambió. La historia de la Batalla de Tucumán apareció con fuerza y le dio otro peso al paseo. Se habló de estrategia, de improvisación, de resistencia. De un ejército conformado por hombres de distintas provincias que se unieron para frenar al poder realista.
Jujuy, Salta, Tucumán. Provincias distintas, identidades diversas, un objetivo común. La analogía fue inevitable. Tarucas también se construye así: con jugadores que llegan desde distintos puntos del país, con historias diferentes, que se reúnen bajo un mismo escudo y un mismo propósito.
En medio de la explicación histórica, el tour se cruzó con la vida cotidiana de la ciudad. En la plaza, una clase pública de folclore captó la atención del grupo. Sin demasiadas vueltas, Luciano Asevedo y Thiago Sbrocco se animaron a bailar. Hubo risas, palmas y miradas cómplices. Una postal espontánea que reforzó la idea central del día: integrarse, animarse, disfrutar.
Comparación
Durante el traslado siguiente, Franco Marini, uno de los jugadores salteños del plantel, puso en palabras una sensación compartida. Reconoció que conocía bastante Tucumán por venir seguido a jugar y también de paseo, pero admitió que el recorrido lo sorprendió. “Hay muchas cosas nuevas que estoy escuchando y están buenas”, dijo. Y agregó: “Los nombres los escuchás alguna vez, pero no sabés el dato exacto. Repasar todo esto está bueno”.
Marini también comparó la ciudad con Salta. Plazas similares, edificios históricos que dialogan, centros urbanos que conservan huellas del pasado. “Cada ciudad tiene sus cosas distintas”, reflexionó, antes de definir el clima del tour con una frase que terminó de pintar la escena: “Se vive más como un viaje de colegio que otra cosa, y eso lo hace divertido. Charlamos, convivimos”.
La última parada fue la Plaza Independencia, el corazón simbólico e histórico de la provincia. Allí, nuevamente, Orlando tomó la palabra. Explicó los monumentos, los procesos históricos y los distintos momentos que confluyen en ese espacio. Habló de identidad, de símbolos y de por qué ese lugar condensa tanto peso en la historia tucumana.
Los jugadores escuchaban con atención. No como alumnos obligados, sino como parte de una historia que también los involucra. Estaban parados en el centro de la ciudad que hoy representa a la franquicia.
Reflexión
Observando la escena estaba Álvaro Galindo, head coach de Tarucas, quien luego explicó el origen de la iniciativa. Contó que nació hace dos años, durante un viaje a Buenos Aires con Los Pumitas, cuando notaron que viajaban mucho, pero conocían poco los lugares donde estaban. “Incluso gente que vive en Buenos Aires no conoce Buenos Aires”, recordó.
La propuesta fue que los propios jugadores estudien, lean y se animen a contar. Que no haya un guía externo, sino que el mismo grupo se apropie del relato. Galindo también trazó una analogía fuerte con la historia tucumana: la rebeldía, la resistencia, esa condición de “espina en el zapato” para el poder central. “Hay cosas que se parecen a lo que estamos formando nosotros”, señaló.
El cierre del tour llegó con un juego. Preguntas y respuestas. Un examen disfrazado de entretenimiento. Algunas cosas quedaron, otras se perdieron en el camino. No importó. El objetivo estaba cumplido: relajar, unir y construir grupo sin una pelota de por medio.
Tarucas no hizo ese día solo un city tour. Caminó su territorio. Escuchó su historia. Entendió su contexto. En un deporte que suele medirse en metros ganados y tackles acertados, la franquicia sumó algo igual de valioso: identidad. Conocer para representar