En el universo de los trucos de limpieza caseros, algunos ingredientes comunes de la cocina ganaron protagonismo por sus usos alternativos. Uno de ellos es el azúcar, que muchas personas comenzaron a incorporar al momento de lavar las cortinas con el objetivo de mejorar su terminación.

Según quienes recomiendan este método, sumar una cucharada durante el lavado podría ayudar a mantener la firmeza de la tela y realzar su apariencia. Como ocurre con otros trucos hogareños, su efectividad depende del tipo de material y de la forma en que se aplique.

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Incluir un poco de azúcar en el agua con la que se lavan las cortinas ofrece múltiples beneficios, que van desde contribuir a la fijación del color hasta ayudar a que las fibras de la tela se tensen y salgan con menos arrugas y mejor caída al secarse.

Lavar las cortinas con azúcar: el truco para evitar el planchado y mejorar su caída

Antes de poner las cortinas en el lavarropas, es clave considerar la composición de la tela. Las fibras más naturales requieren mayor precaución y pueden presentar más inconvenientes durante el lavado. Para reducir la necesidad de planchado, se aconseja optar por cortinas 100% poliéster o con hasta un 30% de algodón. La combinación de materiales sintéticos y naturales permite aprovechar la textura del algodón y, al mismo tiempo, la capacidad del poliéster para resistir arrugas.

También es indispensable revisar la etiqueta para verificar las instrucciones del fabricante. Algunos tejidos deben enviarse a tintorería o lavarse a mano. Si es posible limpiarlas en casa, lo ideal es elegir un programa con agua fría para evitar que se achiquen y utilizar un detergente suave destinado a prendas delicadas.

Luego llega el paso central del método: reemplazar el suavizante por una cucharada sopera de azúcar. Este agregado no afecta el funcionamiento de la lavadora y mejora el aspecto final, aportando una caída más armónica a las cortinas.

La clave está en el leve efecto tensado que el azúcar produce sobre las fibras, lo que reduce la formación de arrugas. Su uso es simple: se diluye una cucharada en el agua del lavado y, en cuestión de minutos, el cambio se aprecia en el resultado final.