El Super Bowl siempre fue un festival de números descomunales. Millones en publicidad, millones en comida, millones en audiencia. Pero la edición LX llevó esa lógica a otro nivel porque, esta vez, un artista logró que el show del entretiempo se mida en salarios por hora, récords históricos y hasta inscripciones para aprender español. El Halftime Show de Bad Bunny ya es parte de la historia. Y se puede explicar con números que parecen inventados.
U$S18,70 la hora por ser una caña de azúcar
Uno de los datos más comentados después del espectáculo fue una oferta laboral muy particular. Para completar la escenografía, el equipo del artista buscó personas que representaran cañas de azúcar humanas sobre el escenario.
No debían bailar. Solo estar. Pero estar muchas horas.
El casting pedía requisitos muy específicos: medir entre 1,80 y 1,85 metros, tener contextura delgada y atlética por el peso del traje, buen nivel de español y comprensión de las letras de Bad Bunny.
No exigían experiencia profesional, aunque se valoraba haber formado parte de bandas de marcha, esos grupos musicales que desfilan y tocan instrumentos en eventos deportivos o actos escolares.
La disponibilidad debía ser total durante los días previos. Las jornadas llegaron a 14 horas.
El pago fue claro: U$S18,70 dólares la hora. En total, cada caña de azúcar cobró U$S1.309 por 70 horas de trabajo. Un número que, comparado con el resto de las cifras del evento, parece pequeño, pero se volvió uno de los datos más virales del show.
135,4 millones de personas mirando lo mismo
Cuando NBC publicó los datos oficiales, el número sorprendió incluso a la industria: 135,4 millones de personas vieron la actuación de Bad Bunny en el entretiempo.
Es el Halftime Show más visto de la historia.
El puertorriqueño se convirtió en el primer latino en encabezar en solitario este escenario y superó el récord que Kendrick Lamar había marcado en 2025 con 133,5 millones.
Para dimensionarlo mejor, así queda el ranking histórico:
- Bad Bunny (2026): 135,4 millones
- Kendrick Lamar (2025): 133,5 millones
- Michael Jackson (1993): 133,4 millones
- Usher (2024): 129,3 millones
- Rihanna (2023): 121 millones
El crecimiento global del Super Bowl explica parte del fenómeno, pero el alcance internacional de Bad Bunny empujó el contador más allá de cualquier antecedente.
35% más de gente queriendo aprender español
El impacto no terminó cuando se apagaron las luces del estadio. En los días posteriores al show, Duolingo registró un aumento del 35% en las inscripciones para aprender español.
No fue casual. Millones de espectadores no anglosajones escucharon canciones en español, quisieron entenderlas y decidieron empezar a estudiarlo.
La música volvió a funcionar como puente cultural, pero esta vez con un efecto medible en estadísticas educativas.
U$S10 millones por 30 segundos
La Super Bowl LX también rompió otro techo. Algunos anuncios de 30 segundos costaron U$S10 millones, según NBCUniversal.
Para entender el salto: en 1967 esos espacios valían 40.000 dólares. En 2021 costaban 5,6 millones. En 2023, siete. En 2025, ocho. Ahora, ocho cifras.
Las marcas apostaron fuerte con campañas protagonizadas por figuras como Lady Gaga, Emma Stone y Ben Stiller. Pero el gasto no termina en el aire: producción, celebridades, estrategias digitales y redes sociales multiplican el presupuesto.
El anuncio ya no se piensa solo para el vivo, sino para circular durante días en internet y medios de todo el mundo.
1.480 millones de alitas de pollo
Hay un indicador poco científico pero infalible para medir la magnitud del evento: la comida. Según el Consejo Nacional del Pollo, los estadounidenses consumieron 1.480 millones de alitas durante el fin de semana del Super Bowl. Diez millones más que el año anterior.
Una cifra que resume el espíritu del evento: todo crece, todo se multiplica.
Un show que funciona como termómetro cultural
Más allá del partido, la Super Bowl se transformó en un escenario donde se cruzan deporte, música, publicidad y cultura global. Esta edición lo confirmó con claridad.
Bad Bunny demostró que hoy el impacto de un artista no se mide solo en reproducciones o discos vendidos, sino en su capacidad de mover audiencias, hábitos y conversaciones a escala mundial.
Y esta vez, ese impacto se pudo contar con números muy concretos. Desde el sueldo de una caña de azúcar hasta millones de personas queriendo aprender español.