El escándalo por amenazas vinculadas a apuestas deportivas que sacudió al Challenger de Rosario encendió alertas en todo el país. En Tucumán, en cambio, el discurso institucional apunta a la prevención y a sostener un modelo de control que, según las autoridades locales, ha evitado que el conflicto escale en el ámbito provincial. La Asociación Tucumana de Tenis asegura que no existen apuestas sobre torneos locales y que, en los certámenes internacionales organizados en la provincia, los mecanismos de vigilancia han funcionado para detectar y retirar a posibles apostadores del predio.

“Hoy nosotros desde la Asociación Tucumana de Tenis no estamos con ese conflicto, porque no se apuesta en los torneos locales o provinciales”, explicó Augusto Arquez, presidente de la entidad. La aclaración no es menor: mientras en el circuito profesional las amenazas pasaron de redes sociales a mensajes directos con datos familiares y advertencias de muerte, en Tucumán el fenómeno no ha tenido esa dimensión. Pero eso no implica ausencia de controles.

Arquez detalló que en torneos ITF disputados en la provincia sí han identificado personas que asistían con fines de apuesta en tiempo real. “Ha venido gente de Rusia a algún torneo. No hablaban el idioma y venían a apostar. Los hemos sacado después de averiguar”, señaló. El procedimiento, según explicó, no es arbitrario: se observa la conducta, se consulta a la persona y, si se confirman sospechas, se actúa. “Cuando notamos que tienen uno o dos celulares y están constantemente mirando el dispositivo en pleno partido, estimamos que están apostando. En los casos que pasó, estábamos en lo cierto”, sostuvo.

POLÉMICO. Francisco Cerúndolo explotó contra las extorisiones que suceden a raíz de las apuestas.

La reglamentación internacional prohíbe la presencia de apostadores dentro del público en torneos ITF. Por eso, directores y árbitros deben estar atentos a actitudes inusuales. “Primero se aparta a la persona, se le consulta qué está haciendo y se informa al director del torneo designado por la ITF. No se puede actuar por intuición, pero tampoco se puede ser ingenuo”, explicó Arquez. La clave, insistió, está en conocer el ambiente. En competencias locales es más sencillo identificar quién pertenece al entorno del tenis y quién no.

En caso de amenazas directas a un jugador, el protocolo es más riguroso. “Primero se resguarda al jugador, se le pide que relate lo sucedido, se preserva la prueba digital y se realiza la denuncia. Luego intervienen las entidades madre”, indicó. Si existiera sospecha de arreglo deliberado, el seguimiento sería técnico y prolongado. “No es por un partido. Se observan tres o cuatro encuentros, el árbitro informa comportamientos anormales y después actúa un comité de investigación”, precisó. Las sanciones pueden llegar a suspensiones de varios años o incluso a la prohibición de por vida.

El contraste con lo ocurrido en Rosario es inevitable. Allí, el español Nikolas Sánchez Izquierdo denunció amenazas que incluían referencias explícitas a su familia y exigencias de “perder disimuladamente”. El partido se jugó a puertas cerradas y con custodia policial. Días después, el argentino Román Burruchaga recibió mensajes similares antes de su semifinal. Ambos casos derivaron en intervención judicial y en la actuación de la Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA).

En Tucumán, mientras tanto, el calendario internacional continúa. Del 2 al 8 de marzo, Yerba Buena volverá a recibir un torneo M25 en el club Las Lomitas, con clasificación previa el 28 de febrero y 1° de marzo. La organización trabaja bajo estándares ITF que incluyen controles específicos en materia de integridad y la prohibición de publicidad de casas de apuestas dentro del predio.

La provincia busca consolidarse como sede estable dentro del circuito, pero en un escenario donde el profesionalismo ya no se mide solo por la calidad del cuadro o la infraestructura, sino también por la capacidad de anticiparse a los riesgos que rodean al negocio del tenis. Tucumán, por ahora, mantiene distancia del conflicto que explotó en Rosario. Pero no lo ignora: observa, aplica controles y se ajusta a los lineamientos internacionales. La incógnita no es si las apuestas seguirán existiendo, sino si el sistema podrá sostener la integridad del juego frente a un fenómeno que crece a escala global.