El viaje hacia una final por el ascenso al Federal A no sólo se vive con ansiedad y expectativa. También con controles rigurosos. Los colectivos de hinchas de Tucumán Central que se trasladan hacia Catamarca atraviesan un operativo de seguridad especialmente estricto en el puesto ubicado a la altura de la localidad de La Merced.

Allí, el procedimiento es claro y no admite excepciones. Todos los pasajeros deben descender del colectivo. Una vez en tierra, se los ordena en fila, con la mochila por delante y apoyadas sobre el cemento. En ese momento comienza la inspección con perros entrenados que recorren uno por uno los bolsos y pertenencias.

Mientras tanto, el personal solicita DNI para hacer el procedimiento de Tribuna Segura y entrada para el partido. La verificación es individual y minuciosa. No se trata sólo de revisar objetos: también se controla la documentación de cada hincha que forma parte del contingente.

Una vez finalizado el chequeo de mochilas, los perros suben al colectivo para inspeccionar el interior del vehículo. Recién cuando el procedimiento concluye sin observaciones, el micro recibe la autorización para continuar viaje.

El operativo apunta a garantizar que el traslado hacia la final se desarrolle sin incidentes y que el evento deportivo pueda disputarse con normalidad. Para los hinchas del “Rojo”, significa sumar una parada obligatoria en el camino, parte del protocolo de seguridad dispuesto para un encuentro que moviliza a cientos de personas.

Así, entre controles y expectativas, el viaje continúa. Porque más allá de la revisión y la espera, el destino es uno solo: alentar a Tucumán Central en un partido que puede marcar un antes y un después en su historia deportiva.