Rubén Medina no necesita levantar la voz para transmitir lo que siente. Le alcanza con una pausa, con una respiración profunda, con esa mezcla de orgullo y emoción que lo acompaña cada vez que habla de su hijo, Bruno Medina, referente de Tucumán Central y que hoy jugará la final por el ascenso al Federal A contra General Paz Juniors.
La historia reciente tuvo un capítulo decisivo. Tras su paso por Sarmiento de La Banda, a Bruno le llegó una oferta fuerte desde Concepción FC. “Le hacían una propuesta muy linda, inclusive le daban un departamento en el sur”, cuenta Rubén. Era una posibilidad concreta de estabilidad y crecimiento. Pero la respuesta sorprendió incluso al propio padre.
“Él me dijo: ‘Yo quiero jugar en Tucumán Central porque ahí soy feliz’”, recuerda. Y esa frase, simple pero contundente, terminó marcando el rumbo. Hubo diálogo con los dirigentes del “Rojo”, se llegó a un acuerdo económico y el regreso se hizo realidad.
Para Rubén, esa decisión no fue solo deportiva. Fue emocional. “No pasa por la ventaja económica. Pasa por el sentimiento, por el barrio, por la gente”, sostiene.
Pero el orgullo del padre no se limita a la elección. También habla del profesionalismo de su hijo. “Bruno no fuma, no toma. Es profesor y licenciado en educación física. A la mañana gimnasio, a la tarde entrenamiento. Jueves y viernes a las diez de la noche está durmiendo. Dieta balanceada todos los días. Es 100% profesional”, detalla.
Sin embargo, hay algo que lo atraviesa más que cualquier análisis táctico: el vínculo. “Yo lo acompaño desde los siete años. Imaginate… ahora tiene 25 y está por jugar una final para ascender al Federal A. Lo máximo para un jugador amateur”, dice, y la voz se le quiebra. “Lloro. Quiero llorar ahora”.
Ser hincha es una cosa. Ser padre de un jugador, otra muy distinta. Rubén lo sabe mejor que nadie. Y mientras el “Comandante” lidera en la cancha, él pelea su propia batalla: contener la emoción y seguir acompañando, como hace casi dos décadas, desde el otro lado del alambrado.