Hace algunas semanas, en este mismo espacio, nos referimos a los semáforos que están emplazados en distintos puntos de Tafí del Valle y a los problemas que generan durante los fines de semana de gran afluencia de visitantes. Aquel editorial disparó una serie de debates que revelaron que estos dispositivos son la manifestación de una situación mucho más compleja. A tal punto que algunos especialistas se animan a caracterizarla como el estadio previo al colapso definitivo.

Quienes hayan visitado el Valle de Tafí durante los meses de enero y de febrero seguramente se habrán topado con las largas filas que se producen en algunos cruces de calles y rutas. Los semáforos se encuentran ubicados en puntos específicos: el cruce de la 307 con la avenida Juan Calchaquí; el cruce de Perón con Los Faroles (donde está el Banco Macro) y la intersección de Perón y Belgrano (donde funciona los bares Popey y el Rancho de Feliz); hay un cuarto semáforo muy cerca de allí, frente a la YPF de la villa. Lo llamativo -y molesto- es que estos dispositivos cuentan con períodos de luz roja excesivamente largos respecto de los verdes, que suelen ser muy cortos. En jornadas de mucha circulación, las esperas se vuelven eternas.

Durante el fin de semana pasado, cuando se realizó la Fiesta del Queso, LA GACETA recorrió las calles tafinistas y corroboró las quejas proferidas por decenas de automovilistas. Además, consultó a referentes de la urbanización de la villa veraniega, quienes trazaron un panorama inquietante. Osvaldo Merlini, arquitecto comprometido desde hace varias décadas con esta localidad y con su desarrollo, expresó su preocupación y dijo que el eje del problema no son los semáforos, sino que la villa no fue pensada para la afluencia de visitantes que recibe durante algunos de los fines de semana estivales (como el del Seven de Rugby, el de Carnaval y durante la Fiesta del Queso). Y fue contundente: “no sólo colapsa el tránsito; colapsa todo”. La arqueóloga Bárbara Manasse, que estudia la evolución social de esta región, destacó que el Código de Planeamiento Urbano que está vigente es de 1991. Está pensado para un Tafí que no tiene nada que ver con el actual.

Porque en las últimas dos décadas este valle ha sido escenario de un crecimiento descomunal, en el que los desarrollos inmobiliarios y turísticos han avanzado a mucha velocidad generando tensiones con la infraestructura y con la producción agro-ganadera en todas sus escalas.

Creemos que llegó el momento de analizar con seriedad la situación y, en primer lugar, intentar ordenar lo que ya existe. Luego será imprescindible trazar un nuevo Código de Planeamiento Urbano que contemple la realidad y que busque un equilibrio entre el turismo, el desarrollo inmobiliario, la vida de los habitantes permanentes del valle y la producción, que hoy ocupa grandes superficies. No hay muchos otros caminos para preservar un paraje tan bello y, al mismo tiempo, tan delicado.