Paulina Lebbos era la menor de cinco hermanos, una joven estudiante de Comunicación Social definida por su padre como una persona de "puro desprendimiento". Alberto la recuerda como una "chica ambulancia" porque "si ella te veía con un problema a vos, seguro que te cargaba y trataba de hacerse cargo del problema". El 26 de febrero de 2006, tras salir de un boliche en el Abasto, su rastro se perdió después de una última charla telefónica con su padre a las doce de la noche. Semanas después, su cuerpo fue hallado a la vera de la ruta 301 en Tapia, en un escenario que Alberto describió como un "desastre" absoluto , donde observó con sospecha una autobomba de bomberos arrojando agua a pesar de que llovía.
La investigación estuvo marcada por lo que Lebbos denomina una "alianza brutal con la invisibilidad" por parte de la cúpula policial y política. Según su relato, jefes policiales como Hugo Sánchez y Eduardo Di Lela montaron puestas en escena, como el supuesto rastrillaje en un cañaveral de San Andrés donde Lebbos notó que le mentían: "Yo miro al cañaveral y digo, '¿Por qué me miente?' Le miro las botas a los policías. Digo, 'Ahí no ha entrado nadie'". El entonces gobernador, José Alperovich, mostró una actitud que Lebbos nunca perdonó, presentándose en el velorio para decirle "que yo me quedé tranquilo que no iba a trabajar más y que iba a cobrar su sueldo" , una oferta que el padre rechazó al grito de "ya mandate mudar de aquí, sinvergüenza".
Alberto sostiene que estas maniobras fueron orquestadas para proteger a los "hijos del poder", señalando específicamente a Sergio Kaleñuk, hijo de un asesor cercano al gobernador. El rol de la justicia fue duramente cuestionado, especialmente la actuación del fiscal Carlos Albaca, a quien Lebbos calificó como un "pervertido" y un "delincuente" especialista en "acostar causas de funcionarios públicos". Durante los siete años que Albaca tuvo la causa, se denunció que se dejaron pudrir cabellos encontrados en el cuerpo de Paulina y se manipularon números de IMEI de teléfonos para desviar las pericias: "Albaca mandaba a la empresa de telefonía el IMEI, pero por ejemplo en el medio el número seis, le ponía número siete. Claro, la empresa de telefonía dice con ese IMEI no hay nada".
A pesar de que en 2019 se dictó una sentencia que condenó a funcionarios de alto rango, Alberto Lebbos denuncia que el sistema sigue garantizando la impunidad mediante "juicios abreviados", a los que considera una "aberración" y un "premio" para los encubridores. Para él, que ex jefes policiales como Ferreira, Maruf o Picón reciban penas menores sin pasar por un debate oral es inaceptable porque "en el juicio oral salta la verdad". Esta parálisis institucional es lo que permite que el dolor persista: "El problema de la impunidad es que los delitos se repiten y se repiten y ustedes lo muestran a diario".
Hoy, tras dos décadas, Lebbos reafirma que su motor es el amor por su hija y la necesidad de que las instituciones funcionen en una sociedad que, según él, está "atravesada por el miedo". Ante la pregunta de qué le diría a Paulina hoy, su respuesta es contundente: "Que la amo y que nunca voy a dejar de luchar por justicia para vos, Paulina. Nunca. Nunca". Su mensaje final es un llamado a la responsabilidad política, exigiendo que los gobernantes no hagan favores, sino que cumplan con su deber: "No me va a hacer un favor a mí, va a hacer lo que tiene que hacer por toda la comunidad".