En Atlético Tucumán, más allá de los nombres propios y de los entrenadores de turno, hay una tendencia que se repite. Ninguno de los ocho técnicos que pasaron por el banco del “Decano” desde 2021 superó la barrera de los 60 partidos al frente del equipo. Puede parecer una estadística habitual dentro del fútbol argentino, donde los ciclos suelen ser breves, pero en 25 de Mayo y Chile el dato adquiere otra dimensión, tal vez por la “vara alta” que dejó el proceso de Ricardo Zielinski: fue el último en quebrar ese techo, con 124 partidos dirigidos en tres años y medio.

La vara alta del "Ruso"

Aquel ciclo, finalizado en enero de 2021, arrojó un promedio de 1,50 puntos por partido -el más alto del período reciente- y dejó grandes hitos deportivos: los cuartos de final de la Copa Libertadores 2018 y el subcampeonato de la Copa Argentina, entre otros logros. Desde entonces, Atlético no logró reencontrar la estabilidad que todo proyecto deportivo necesita.

El primero en suceder al “Ruso” fue Omar De Felippe, con quien la dirigencia volvió a contactarse en las últimas horas, aunque el propio entrenador agradeció y declinó la propuesta. En su anterior etapa dirigió 30 partidos en 267 días, con un promedio de 1,23 puntos, antes de presentar la renuncia en octubre de 2021.

Una semana después comenzó otro ciclo recordado, aunque por razones opuestas a las deseadas. Pablo Guiñazú tuvo en Atlético su primera experiencia como entrenador, pero su estadía duró apenas 38 días: dirigió seis partidos, no consiguió triunfos y cerró con un promedio de 0,33 puntos por encuentro.

Hugo Colace, en ese contexto, no fue el técnico con menos partidos al mando del “Decano”, aunque su ciclo también quedó lejos de consolidarse. Dirigió 10 encuentros en 121 días -incluida una extensa pretemporada- y alcanzó un promedio de 0,80 puntos.

Incluso ese registro superó al del segundo ciclo de Juan Manuel Azconzábal. El “Vasco”, que asumió tras la salida prematura de Guiñazú, dirigió nueve partidos y obtuvo un promedio de 0,56 puntos por juego.

Pusineri: la excepción que confirmó la regla

El proceso más estable posterior al de Zielinski fue, sin dudas, el de Lucas Pusineri. Fue el único que superó el año de gestión y alcanzó los 57 partidos, con un promedio de 1,39 puntos. En 2022 peleó el título de la Liga Profesional hasta las últimas fechas. Sin embargo, la irregularidad de 2023 derivó en su renuncia. “No queríamos seguir poniendo en juego nuestro trabajo partido a partido. Queremos que el grupo tenga la posibilidad de progresar con otro cuerpo técnico”, explicó entonces.

Después llegaron los ciclos de la dupla Favio Orsi-Sergio Gómez, que dirigieron 25 partidos (1,32 de promedio) antes de renunciar en febrero de 2024, y el de Facundo Sava, que acumuló 39 encuentros con una media de 1,31 puntos hasta su salida.

Tras varias renuncias consecutivas, se produjeron dos despidos. El primero fue el del segundo ciclo de Pusineri, atravesado por conflictos institucionales que aceleraron su salida. En números, no fue de los más bajos: 1,21 puntos en 28 partidos. El segundo fue el de Colace.

El repaso estadístico deja su ciclo entre los menos eficaces en cuanto a rendimiento, solo por encima de los de Guiñazú y Azconzábal, pero también expone que no se trata de un caso aislado. Desde 2021, Atlético encadena procesos breves, con distintos matices y contextos, pero con un denominador común: la dificultad para sostener un proyecto en el tiempo.

La pregunta, entonces, trasciende a los nombres propios. ¿Se trata únicamente de rendimientos deportivos o existen factores estructurales que condicionan la continuidad? En un club donde la última gran era de estabilidad dejó la vara tan alta, el desafío ya no parece ser solo elegir bien al próximo entrenador, sino también construir las condiciones para que, esta vez, el ciclo logre echar raíces. La incógnita ahora es cuánta paciencia real queda para consolidar un proyecto o si la urgencia por los puntos volverá a ser más fuerte que cualquier planificación.