No es un adiós, sino un hasta luego. Las formas y los plazos de ese “luego” solo serán develados en la conjugación de un tiempo futuro que apenas es posible avizorar en este presente de emociones fuertes y encontradas por las que atraviesa el “Mundo River Plate” en la semana de la despedida de Marcelo Gallardo.
Una partida que fue puesta en entredicho por el propio “Muñeco” al poner punto final a su segundo ciclo como entrenador del club. “No me voy a despedir; esas son las cosas que tiene este lugar mágico, que uno se va, pero no se va nunca”.
La frase podría referir a la profundidad del sentimiento que habitualmente cualquier persona experimenta cuando deja un espacio muy significativo en su vida, pero en el contexto del discurso de Gallardo ante la prensa el jueves pareció más bien una advertencia. “Voy a estar muy pendiente de lo que pase en este club el tiempo que esté fuera”, dijo a continuación.
El entrenador más exitoso en la historia del “Millonario” está decidido a volver, a que el fracaso que signó esta segunda etapa -quinta, si se consideran sus tres anteriores como futbolista- no tenga la palabra final en su largo y apasionado vínculo con River.
Gallardo es un eximio comunicador. Y la comparecencia ante los periodistas una vez sellada la victoria 3-1 sobre Banfield en el Monumental dio otra prueba de ello. No fue la habitual rueda de prensa de los entrenadores al despedirse de un club, más bien tuvo semejanzas con un (tácito) lanzamiento de campaña.
Quienes lo conocen bien, dejan trascender que su aspiración no es otra que convertirse en el verdadero “mandamás” de River y solo existe un cargo que le aseguraría tal posición. El “voy a estar muy pendiente” sonó como un mensaje dirigido a unos y otros, en el marco de un club altamente politizado. Y en tres años y medio habrá nuevamente elecciones a presidente.
Tras su exitosísima primera etapa como entrenador, el “Muñeco” estuvo menos de dos años fuera de Núñez, apenas lo que duró el interregno de Martín Demichelis. Su regreso fue la carta fuerte con la que Stéfano Di Carlo le “cantó truco” a Matías Patanian y lo sacó de la competencia por la presidencia. “Micho”, por cierto, había sido la apuesta fuerte de Patanian y quedó “herido” tras el episodio de la reunión en “off” con periodistas en 2023.
La sociedad Di Carlo-Gallardo le permitió a este último volver a calzarse el traje de entrenador de River muy pronto, tras su fallida experiencia en Arabia Saudita. Y, además, según se suele escuchar en los pasillos del Monumental, cobrarse “revancha” de Patanian y sus hombres en la secretaría técnica, quienes habrían incumplido con algunas promesas realizadas al “Muñeco” antes de su partida en 2022, por ejemplo, la de mantener a su cuñado Jonathan La Rosa como técnico de la reserva (fue reemplazado por Marcelo Escudero).
Di Carlo asumió, bancó a Gallardo pese a los muy pobres resultados de 2025 y renovó su contrato. Pero también, a diferencia de su antecesor Jorge Brito, habría comenzado a marcarle la cancha, por caso, con relación a la política de compra de refuerzos y otras cuestiones de gestión deportiva.
No está claro aún si una vez precipitada la crisis postrera a partir de la goleada sufrida ante Tigre, el “Muñeco” encontró en la dirigencia el respaldo esperado. Lo cierto es que, aunque todavía es verano, las señales públicas entre presidente y entrenador en los últimos días fueron más bien frías.
Di Carlo no realizó declaraciones, salvo la publicación en una red social de un posteo ponderando la figura de Gallardo. Éste, a su vez, prefirió no quedar retratado junto al presidente, ni a la hora de hacer el video con el que anunció su partida el lunes, ni en la despedida en cancha del jueves, cuando de hecho rechazó cualquier tipo de homenaje por parte de una dirigencia que ahora ya no cuenta con su “paraguas” protector y está obligada a no equivocarse en lo que viene, deportivamente hablando.
Como un buen político en ciernes, el “Muñeco” pareció entender a la perfección que su sustento estaba en los votantes (en los hinchas). Y no dudó en tomar decisiones y realizar ciertos gestos que terminaron exponiendo a una buena parte de sus jugadores. Como muchos políticos también, Gallardo apuntó a limpiar su imagen tras un año y medio de frustraciones constantes. ¿Resultado? Ovación para él, silbidos para los futbolistas.
“El Muñeco es de River y de River no se va”, se escuchó cantar. Y es así nomás: el “Muñeco” no solamente dejó su estatua gigante sobre Avenida Figueroa Alcorta, sino también su sombra sobre el “Mundo River”, una omnipresencia de alto impacto que vaya a saber Dios qué forma futura adquirirá.