Como un equipo que sale dormido al primer tiempo y despierta recién después del descanso, San Martín mostró dos caras completamente diferentes en el empate frente a Deportivo Maipú por 2 a 2, una versión apagada y desordenada que preocupó durante largos pasajes y otra cargada de rebeldía que permitió rescatar un punto cuando el panorama parecía irreversible. Por eso, aunque los hinchas se retiraron de La Ciudadela con una sensación cercana al alivio por cómo se había desarrollado la primera mitad, el análisis final dejó una conclusión inevitable: si las aspiraciones son pelear en los primeros puestos del torneo, todavía hay mucho por mejorar.
Con el triunfo contra Almagro funcionando como un bálsamo necesario, el “Santo” volvía a encontrarse con su gente en la tercera fecha con la intención de sostener el envión anímico. Andrés Yllana decidió no modificar demasiado la estructura y apostó por continuidades con ajustes puntuales. Nicolás Castro reemplazó al lesionado Matías “Caco” García, mientras que Lucas Diarte ocupó el lugar de Guillermo Rodríguez buscando mayor profundidad ofensiva. La idea pretendía darle dinámica al ataque, aunque el desarrollo del partido terminó mostrando un escenario muy distinto al esperado.
Desde el arranque, San Martín nunca logró adueñarse del ritmo del juego. Con rendimientos individuales bajos y escasa generación colectiva, el “Botellero” manejó el partido con comodidad y aprovechó cada desajuste rival. Las bandas se convirtieron en un punto vulnerable, especialmente por los sectores defendidos por Diarte y Víctor Salazar. En el medio campo, Santiago Briñone y Laureano Rodríguez no consiguieron convertirse en el eje futbolístico necesario para ordenar al equipo, y esa falta de conexión se tradujo rápidamente en situaciones favorables para la visita.
A los 19’ llegó el primer golpe. Lucas Faggioli intentó enviar un centro que terminó cerrándose y sorprendió a Darío Sand, metiéndose junto al palo derecho sin que el arquero tuviera responsabilidad directa. El gol profundizó la incomodidad del local, que intentó reaccionar más desde el empuje que desde las ideas. Sobre el cierre del primer tiempo, cuando parecía que el resultado podía sostenerse, un pase largo encontró a Mirko Bonfigli, que definió con precisión ante la salida de Sand y amplió la ventaja, generando murmullos en las tribunas y un clima de preocupación general.
Otra historia
El entretiempo marcó un quiebre. San Martín regresó con otra actitud y también con decisiones clave desde el banco. Yllana apostó por los ingresos de Lautaro Ovando y Kevin López, cambios que modificaron la energía del equipo y alteraron el desarrollo del encuentro. Ovando apareció en el momento justo con un doblete -el segundo empujando la pelota prácticamente con el pecho- que devolvió la ilusión. López, en tanto, aportó velocidad, desequilibrio y capacidad para romper líneas, una herramienta que el equipo había extrañado durante gran parte del partido.
El empate terminó construyéndose desde la reacción emocional más que desde el funcionamiento colectivo, y allí aparece la principal lectura que dejó la tarde. Apenas transcurren tres fechas, pero las señales comienzan a ser claras: al equipo todavía le cuesta generar juego con fluidez, conectar pases en zonas decisivas y evitar desatenciones defensivas que terminan costando goles. El párate del fútbol argentino surge ahora como una oportunidad ideal para ajustar detalles, recuperar confianza y consolidar una identidad más firme. Porque San Martín demostró que tiene carácter para levantarse, aunque para pelear arriba necesitará empezar los partidos con la misma intensidad con la que los termina.