Hay un ámbito en el que reina el protocolo. O en el que debería reinar. En una Asamblea Legislativa de Apertura de las Sesiones Ordinarias -ya sea en el Congreso de la Nación, en una Legislatura provincial o en un Concejo Deliberante municipal- se cumplen rituales, se siguen normas, se respetan reglamentos. Sobre todo, se consuma un mandato constitucional y, de ese modo, se celebra y se defiende la democracia. Lo de anoche en el recinto de la Cámara de Diputados fue más parecido a un ring de box en el que pelearon -discursivamente, claro- dos adversarios de fuerzas muy desiguales. Uno de ellos -que ya venía groggy desde las elecciones del año pasado- recibió una catarata apabullante de golpes.
El presidente Javier Milei llegó al Congreso notoriamente envalentonado por el contundente triunfo electoral de medio término y respaldado por mayorías parlamentarias (integradas por propios y aliados) y por barras repletas de funcionarios, militantes y simpatizantes. Durante casi dos horas se dedicó a vapulear a la oposición, encarnada por el debilitado kirchnerismo y por unos cuantos representantes de la izquierda.
“Kukas”, “Chilindrina troska”, “manga de chorros”, “golpistas”, Cristina “chorra” y “empresarios prebendarios” fueron algunos de los insultos con los que intercaló la enumeración de los logros de su gestión. En muchos casos, lo hizo en respuesta a provocaciones que llegaron desde la bancada opositora. En el último tramo del discurso, dio la impresión de que el que buscaba provocar era él. Y que inclusive, se divertía. Muy lejos en el tiempo ha quedado la moderación que ensayó durante el último tramo de la campaña del año pasado.
Hay quienes creen que la confrontación con el kirchnerismo pudo haber sido una manera de disimular cuestiones sensibles que su gestión aún no ha podido resolver (no hubo un mensaje claro para la clase media, golpeada por la economía, por ejemplo). O tal vez un intento por correr el foco de una situación -como mínimo- llamativa: el gendarme Nahuel Gallo, liberado por régimen chavista, regresa al país en un avión vinculado con la dirigencia de la AFA (tema al que tampoco se refirió). También es claro que esta puesta en escena le da rédito. Sin dudas, el Milei exultante que vimos en el Congreso es un Milei poderoso. Y es posiblemente el recuerdo que perdurará de esta Asamblea Legislativa.