Sara Vallejo fue noticia nacional. La huella digital ratifica que el país habló de ella, la mujer que pateó al tablero a los 80 años, esa etapa que para la mayoría es sinónimo de otoñal reposo. Sara vendió la casa y el auto, compró un motor home y se largó a recorrer las rutas de América del Sur. Fue antes de la pandemia; qué lejos parece. Pero allí estaba Sara el martes pasado, en el Virla, de camisa roja, bastón y refulgente centralidad. Aunque en este caso la coprotagonista de la noche fue Soledad Arostegui y hay un por qué.

En la sala pequeña del centro cultural universitario quedó inaugurado “Desafiando mis 80 años”, el proyecto fotográfico de Arostegui, fruto de las experiencias que recogieron juntas en el camino. 26 imágenes en las que el periplo de Sara recobra vida y deja varias enseñanzas. Por ejemplo, una invitación a pensar la vejez lejos de los estereotipos y más cerca del movimiento, del deseo y de la persistencia.

Lo que comenzó como una historia personal se transformó en un trabajo artístico atravesado por la amistad y por la convicción. Arostegui -fotógrafa profesional formada en la UNT, psicóloga social y docente de fotografía- acompañó a Vallejo en cinco viajes: dos a Brasil, dos a Uruguay y uno por distintas rutas argentinas. Pero no se trató sólo de registrar destinos, sino de construir un vínculo que le permitiera captar algo más profundo.

Ese lazo fue clave para retratar lo que Arostegui define como un espíritu aventurero que rompe tabúes. “Sara no era muy amiga de las fotos al inicio. Costó, costó”, apunta. Con el paso del tiempo la cámara dejó de ser una intrusa para convertirse en testigo de escenas espontáneas, en especial instantes de conexión silenciosa con el paisaje.

Motivaciones

En la mirada de Arostegui, el envejecimiento no es un bloque homogéneo ni una etapa clausurada, sino un proceso con múltiples posibilidades. “Para mí es fundamental a lo largo de la vida tener un proyecto -destaca-. Creo que es lo que nos motoriza y nos lleva hacia adelante y más aún después de que dejamos de trabajar”. Desde su experiencia como psicóloga social y tallerista con adultos mayores observó cómo muchas personas atraviesan cuadros de depresión tras la jubilación. De allí que su impulso creativo se orientara a visibilizar distintos procesos de envejecimiento posibles.

Con 82 años, se deja llevar donde la lleva el viento

Las fotos exhibidas en el Virla lograron salvarse de un episodio doloroso: el robo en el que la artista perdió gran parte de su archivo profesional. Pero esa pérdida, lejos de clausurar el proyecto, le otorgó una nueva dimensión simbólica, ya que la selección rescatada quedó atravesada por la memoria y por la resistencia.

El montaje, diseñado por Sergio Acuña, potencia esa lectura. “La idea era mostrar algo que no sea sincrónico, sino ir presentando distintas escenas y disfrutes, la conexión que ella tenía con diferentes paisajes”, explica. El elemento articulador es un hilo de lana que recorre la sala y enlaza las fotografías. Ese hilo -real desde la pasión de Sara por el tejido y a la vez metafórico- la acompañó en los viajes.

MES DE LA MUJER. La muestra puede visitarse hasta el 30 de marzo.

“Mi idea es poder decir: continuamos tejiendo camino. Aunque ya no tenga motor home, aunque ya no pueda caminar como antes, puedo continuar tejiendo mi camino de otra forma”, resalta Arostegui. No se trata de negar las limitaciones físicas, sino de integrarlas en un relato vital que no se detiene.

La curaduría y el acompañamiento del proyecto estuvieron a cargo de Martín Acosta y Fernando Poggy, mientras que el revelado digital fue realizado por Luis Collados. En un contexto donde las noticias sobre adultos mayores suelen asociarse a carencias o dificultades, “Desafiando mis 80 años” ofrece una narrativa alternativa. No idealiza ni romantiza la vejez, pero la muestra en movimiento, en contacto con la naturaleza, abierta a la experiencia. Arostegui subraya que la invitación al público es concreta: “creo que la gente tiene que venir a ver esta muestra porque es un motivo para llenarse de vitalidad, de energía en un momento actual en el que creo que la necesitamos”. Y agrega que conectarse con imágenes que remiten al disfrute y al placer nos ayuda y nos revitaliza.

Ese fue el espíritu dominante en el Virla durante la noche del martes. Numerosos amigos se acercaron a regalarles un cariño a las protagonistas y se llevaron de regalo una grulla de papel, idénticas a aquellas que Sara se dedicó a confeccionar durante la pandemia como un tributo privado y sentido a la paz mundial.

Sobre el piso, el dibujo de un mapa de América del Sur marcó el itinerario de aquella aventura que tuvo a Sara al volante y a Soledad empeñada en seguirla, cámara en mano. Allí mismo se fundieron en un abrazo, uno más, porque había un motivo fundamental para festejar: Sara estaba cumpliendo 88 años.