La Fiesta Nacional de la Vendimia volvió a ser la pasarela política del año, pero esta vez con un clima de evidente frialdad. Victoria Villarruel, la autoridad nacional de mayor rango en los festejos, se movió con autonomía en territorio mendocino, y provocó un dilema gestual para el gobernador Alfredo Cornejo

El mandatario radical, que estrechó lazos con Javier Milei al punto de sumarse a su comitiva oficial hacia Nueva York, se mostró distante ante quien hoy es vista como la "disidente" interna del esquema libertario.

Villarruel no se dejó amedrentar por el vacío oficial. "No estoy incómoda, me siento como en casa", lanzó al llegar al tradicional desayuno de la Coviar. Sin embargo, la tensión fue palpable, especialmente ante la presencia de Luis Petri -ex ministro de Defensa y referente local- con quien la vicepresidenta mantiene un duro cruce dialéctico. 

Al ser consultada sobre las acusaciones de Petri, quien la acusó de "apostar al fracaso", Villarruel fue tajante en su respuesta. "No voy a hablar de esa persona; lo que se dice debe demostrarse en la Justicia", remarcó.

Mientras la política se sacaba chispas, la industria vitivinícola expuso sus heridas con sobrestocks de 10 meses y caída del consumo.