“Si no querés que te reemplacen las máquinas, dejá de escribir como una”. Con esta provocación, el medio digital Anfibia lanzó hace pocos días un taller que pone el dedo en la llaga de la era digital. La premisa del periodista Sebastián Hacher es clara: hay que aprender a escribir "con y contra la IA". En un ecosistema saturado de contenidos sintéticos, esta sentencia aparece como una advertencia de supervivencia creativa, porque si bien los algoritmos ya nos superan en velocidad, ceder por comodidad también puede hacer que terminemos rendidos a su sintaxis fría y previsible.
Sin dudas, la frase llama la atención entre tantas imágenes en el feed de Instagram. Son un cúmulo de palabras que alerta, pero también refleja una realidad: el contenido que estamos consumiendo se está haciendo cada vez más robótico, creado por grandes modelos de lenguaje que nos enseñaron lo rápido y eficaces que son las plataformas como ChatGPT o Gemini para procesar texto desde cero.
Y no es una sensación. De acuerdo con el estudio presentado a fines de 2025 por Graphite, una empresa internacional de márketing, el volumen de artículos generados por IA experimentó un crecimiento drástico desde que nació ChatGPT. En solo dos años, estos textos superaron a la de los artículos escritos por humanos en la web. Sin embargo, la empresa señala que la proporción de artículos de IA se estancó desde mayo de 2024 y los autores plantean la hipótesis de que esto se debe a que los especialistas en negocios digitales detectaron que este tipo de contenido no logra un buen rendimiento en los resultados de búsqueda de Google. Es decir, se produce rápido pero no tiene el alcance deseado.
Si bien todavía seguimos en un mar de asombro por las competencias creativas de la IA, algunas organizaciones están encendiendo alertas para que dicha tecnología no arroje capacidades que construimos desde muy chicos y que nuestra cultura desarrolla continuamente como la de la escritura. La consultora española Prodigioso Volcán, fundada por el reconocido periodista Mario Tascón, publicó en enero de este año un breve decálogo en el que expresa su preocupación por la homogeneización de una forma de escribir que se está expandiendo en redes sociales. Y no solo en redes, sino también en ámbitos profesionales de escritura, apoyados por la IA. Según su trabajo, la voz de los modelos de lenguaje que están por detrás de ChatGPT o Gemini, son cada vez más reconocibles, ya que imprimen ciertos estilos y huellas, que nos alejan de las formas de escribir más humanas.
A partir de un relevamiento de los resultados de los modelos, la consultora recopiló los diez recursos más habituales que delatan la presencia de IA en los textos y que, si los revisamos en detalle, podremos ver que son los que nos están acostumbrando estas herramientas que tan rápido hemos incorporado en nuestro trabajo.
Un recurso constante es el uso de estructuras adversativas-correctivas, específicamente la fórmula "no es X, sino Y". “La IA no es la solución a todo, pero es una gran herramienta”, podría ser un ejemplo práctico de esta forma de escribir que tienen “las máquinas”. Según la consultora, utiliza este mecanismo porque pretende aparentar que el texto tiene matiz y criterio, pero su frecuencia de uso es tan alta que termina con un resultando previsible. En el intento de querer parecer humana, ella misma se delata. Junto a esto, las tríadas son otra técnica favorita. Suele ser habitual que en sus oraciones se agrupen tres adjetivos, sustantivos o adverbios para dar una sensación de cierre y frase completa. Aunque este recurso es satisfactorio para el oído, su uso "tentador" por parte de la máquina suele restarle naturalidad al mensaje, advierten los españoles.
La IA siempre está intentando replicar comportamientos que rastreó en su enorme aprendizaje. Por eso, quiere distinguirse de ella misma y pretende sonar más contundente y poética. Para ello, suele recurrir también a los paralelismos, que consisten en la repetición de un mismo verbo, preposición o sintagma en varias estructuras seguidas. Los sistemas, según Prodigioso Volcán, aprendieron que estas repeticiones suenan convincentes, pero deben usarse con moderación para no saturar al lector. De igual forma, el uso de los dos puntos como conector causal busca maximizar el impacto visual y emocional antes de presentar una idea que la IA considera brillante, un truco de oratoria digital que suele repetirse en exceso.
La principal función de una IA que está detrás de una marca es satisfacer a su usuario. Por eso intenta también complacerlo no solo con las estructuras textuales sino también en su presentación visual. Los modelos utilizan símbolos, negritas, resaltados y enumeraciones con puntos con el objetivo de hacer un texto más asequible a su usuario, su cliente. No solo eso, también utiliza algunos recursos que, por lo menos en el habla hispana, no son tan habituales, como rayas largas en vez de paréntesis. Dichos caracteres ni siquiera están en el teclado. Las negritas, además, suelen sobreabundar en los textos, a veces sin sentido, es decir, marcando palabras que no necesariamente son relevantes en el contexto.
Por último, la consultora detectó que la IA tiende a suavizar su tono para no "asustar" al usuario, adoptando lo que Prodigioso Volcán denomina el lenguaje "mini". Esto se traduce en el uso constante de prefijos como "mini-tablas" o "mini-listas" para prometer poco esfuerzo al lector. Facilitar su texto es también subestimar a su destinatario y este tono amable suele convivir con un exceso de simbolismo, donde la máquina utiliza palabras abstractas y de moda en el entorno digital. Finalmente, el uso de emojis con fines explicativos o para introducir ideas en listas resulta artificial fuera de un contexto puramente conversacional.
La IA responde rápido, obedece y complace nuestros caprichos. Pero, en esa búsqueda de eficiencia, deja un rastro que amenaza con borrar la riqueza del lenguaje humano. Ese lenguaje rico, completo y hasta contradictorio. Al final, escribir como humanos no se trata de evitar el uso de una herramienta, sino de reivindicar nuestra capacidad de plasmar ideas y emociones que no caben en una lista de puntos ni en una negrita forzada.