Fueron cuatro horas durante las cuales literalmente se vació. Lamentablemente Alberto Lebbos está acostumbrado a estas lides. Ya soportó varios juicios en los cuales el nombre que se repite desde hace 20 años es el mismo: Paulina Lebbos, su hija. El hombre ya estuvo sentado años anteriores brindando testimonios, relatando lo que sabe, llevando un mensaje en contra de la corrupción, pidiendo justicia, remarcando el sufrimiento que él y su familia vienen padeciendo desde aquel infausto 26 de febrero de 2006. Esa madrugada su hija menor desapareció. La buscaron por todas partes hasta que un día como hoy, un 11 de marzo pero de ese año, encontraron su cuerpo tirado a la vera del kilómetro 2,8 de la 341 en Tapia. No habían pasado tres horas desde ese descubrimiento cuando le dijeron la primera mentira: el entonces jefe de Policía Hugo Sánchez, a metros del cadáver, le aseguró que el hallazgo había sido producto de “un intenso rastrillaje” por parte de la Policía. Falso. La habían hallado dos baqueanos que, en caballo, pasaron por el lugar y la avistaron luego de que uno de los animales se asustó. La Policía no tuvo nada que ver.

Desde entonces Lebbos lucha, lucha y lucha. Y no se cansa. Ya lo había advertido el lunes: “tengo paciencia ilimitada” dijo ante los jueces Gustavo Romagnoli, Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica. Pero ayer, cuando le dijeron que su testimonio había terminado, el hombre que encabezó cientos de marchas en la Plaza Independencia se derrumbó. La cara se le transfiguró y las lágrimas le llenaron los ojos. En ese momento no dejó de ser el luchador empedernido, pero afloró el Alberto papá. El que, como él mismo relata, le cambiaba los pañales a su hija, a “Paulinita”, desde recién nacida. Allí, frente al estrado, las horas de incertidumbre, de bronca, de desesperación, de angustia, se le vinieron encima. Y Alberto Lebbos lloró. Encaró hacia la salida de la sala, se pasó las manos por la cara y caminó hacia donde estaba el resto de sus hijos: Rosa, Francisco y María Sofía. Allí, a las puertas de la sala de debate, faltaban dos de las hijas que había tenido con su esposa Rosa: Marisa, que falleció de cáncer, y Paulina, por quien todos buscan justicia.

TESTIMONIO. Lebbos respondió las preguntas del fiscal y de los defensores.

A las 8.45 Lebbos se sentó para terminar su testimonio en el juicio que se sigue contra César Soto, pareja de Paulina y padre de su hija, imputado por homicidio, y contra Sergio Kaleñuk, a quien se acusa por maniobras de encubrimiento ocurridas tras el crimen. Y como siempre, sostuvo su hipótesis. “El segundo más poderoso del gobierno de (José) Alperovich era (Alberto) Kaleñuk. ¿Acaso Sergio Kaleñuk no es hijo del poder?”. Lebbos se sometió así al interrogatorio del fiscal Carlos Sale y de los defensores Roque Araujo y Patricio Char, de Soto y Kaleñuk respectivamente. Estos últimos dos letrados se ajustaron específicamente a tratar de deslindar la responsabilidad de sus defendidos y a tratar de conocer si Lebbos sabía qué pruebas fehacientes había contra sus clientes en la causa. “En la casa de Soto se secuestró un pantalón con manchas parduzcas, con abrojos. Se decía que las manchas eran compatibles con sangre. También había una almohada con manchas y en la terraza se encontró una colcha. Nunca se peritaron esas pruebas”, recordó Lebbos. Y aseguró que “El doctor (Diego) López Ávila (uno de los fiscales) hizo una gran investigación. Investigó la pista de la fiesta en la casa de Kaleñuk y no descubrió nada. Querían instalar que Paulina había estado bailando en una mesa y se rompió el cuello al caerse. Todas operaciones”. “Kaleñuk tenía relaciones íntimamente ligadas al poder, lo que permitió que se arme esta estructura para encubrir. Hay mucha gente que aún no pagó sus culpas”, remarcó el padre de Paulina. “Estas dos personas han permitido que pasen todas estas maniobras. Truncaron los sueños de una chica buena que no tenía maldad. Ella se levantaba pensando cómo ayudar y sobre todo a este hombre (por Soto)”, agregó. Y advirtió: “Paulinita estaba desesperada por ayudarlo. Era el padre de su hija. ¿Y qué hizo este hombre? Este tipo vivía de ella. Este tipo no es ningún perejil. Ellos creyeron que no iba a haber reacción. No sabían que se iban a encontrar con nuestra familia”.

A pesar de todo esto, Char destacó que tanto López Ávila como Sale habían sobreseído a Kaleñuk antes de volver a imputarlo y llevarlo a juicio por el encubrimiento del crimen.

Al finalizar su testimonio, visiblemente emocionado, Lebbos pidió justicia por su hija y por todas las víctimas de delitos impunes. “Este sufrimiento se tiene que acabar en algún momento. Ojalá que se sepa la verdad”, pidió. Y luego tomó su inseparable portafolio y se sentó en la primera fila del público. Todos los testigos que pasen a lo largo del debate, 80, según las predicciones, verán su rostro. El de un hombre que no se cansa y que sólo busca respuestas.

Virginia Mercado, la testigo que admitió el encubrimiento: la última persona que vio con vida a Paulina deberá declarar mañana, por zoom

Mañana el juicio tendrá otra audiencia de alto voltaje. Es que entre las personas llamadas a declarar está Virginia Mercado, la última persona que se conoce vio con vida a Paulina. Ambas se subieron a un remise a la salda de un boliche del Abasto en la madrugada del 26 de febrero de 2006. Mercado se bajó en su casa y Paulina siguió viaje. Ahí comenzó el misterio. Mercado y sus abogados habían convenido con la fiscalía un juicio abreviado donde ella admitió que encubrió el crimen, pero no dijo a quiénes ni por qué. Por esto, el juez Patricio Prado no aceptó el convenio y ahora Mercado podría ser sometida a un juicio oral. Mañana declarará como testigo y, al contrario de cuando lo hizo como imputada, debe decir la verdad o podría ser sometida a otro proceso judicial. Además declarará su hermana Fabiana, quien también estuvo en el boliche esa madrugada. Y se leerán los testimonios que dieron en su momento Rosa Racedo y Marisa Lebbos, madre y hermana de Paulina, quienes fallecieron.