Aparecieron en los días de agosto de 1999 por la peatonales. Callados y con la mirada distante, tocaban melodías melancólicas con acordeón y despertaron distintas sensaciones entre la gente y una confusa investigación policial, ya que hubo una denuncia por trabajo infantil.

Un vecino de una pensión donde estaban alojados, Juan Carlos Agüero, dijo que eran 12 personas procedentes de Rumania y que dijeron ser “refugiados de guerra”. Denunció en LA GACETA que “fueron detenidos el sábado en la comisaría primera por averiguación de antecedentes, incluyendo a los niños que estaban tocando el acordeón en la peatonal”. Añadió que en la comisaría “fueron objeto de burlas y también fueron maltratados por su condición de extranjeros”. El jefe de la comisaría, José Melián, dijo que sólo se los llamó “para verificar su documentación” y el titular de Migraciones, Fernando Ibazeta, aseguró que tenían papeles en regla. El asesor de la embajada de Rumania en Tucumán, Manuel Serrano Pérez, relató que los había visto dos años antes en Buenos Aires, “haciendo lo mismo”. En abril de 2000 se informó que había cuatro familias rumanas con tres niños cada una. Uno de los pequeños, llamado Daniel, había estado internado en el Hospital de Niños, “con una enfermedad terminal” y se supo que su familia se lo había llevado a Buenos Aires.

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Un año después, en mayo de 2001, la Policía aprehendió a cinco mujeres y dos hombres que estaban en los semáforos entregando tarjetas para ayudar a una “nena en Rumania” llamada Mónica, de un año y tres meses, con reflujo de pulmón. La Justicia ordenó que fueran liberados y no se volvió a saber de ellos. Hacía tiempo que habían desaparecido los niños con acordeón de las peatonales.