Cuando las inundaciones golpean, la reacción suele ser inmediata. Aparecen mensajes en redes sociales, vecinos que abren sus casas como puntos de colecta y personas que separan ropa, alimentos o artículos de limpieza para donar. La solidaridad surge rápido. Pero después aparece una pregunta que no siempre tiene respuesta: cómo hacer que toda esa ayuda llegue realmente a quienes la necesitan.

Ese fue el desafío que decidió asumir un grupo de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. Mientras en distintos puntos de la provincia se multiplicaban las colectas para ayudar a familias afectadas por las lluvias y las inundaciones, ellos detectaron algo que no se estaba resolviendo del todo: la logística.

“Vimos que la gente estaba juntando donaciones pero no tenía cómo llevarlas a las zonas afectadas, entonces dijimos: resolvamos eso nosotros”, contó María Pía Delgado, una de las estudiantes que participó de la organización.

La iniciativa comenzó a tomar forma el lunes en el grupo de la Asamblea de Comunicación, donde estudiantes de la carrera intercambian ideas y propuestas. En medio de mensajes sobre colectas y pedidos de ayuda, surgió la idea de hacer algo distinto: no abrir otro punto de recepción de donaciones, sino encargarse de trasladarlas.

Para eso primero había que identificar a dónde ir. A partir del contacto con conocidos del interior y de la información que circulaba entre compañeros, los estudiantes empezaron a notar que algunas localidades estaban recibiendo mucha ayuda, mientras otras quedaban más aisladas.

“Cuando vimos que en algunos lugares ya estaban saturados de ropa, empezamos a preguntar entre compañeros que viven en el interior qué zonas estaban más olvidadas”, explicó Ana Racedo, otra de las estudiantes que impulsó la iniciativa.

En pocos días, estudiantes de distintas agrupaciones, compañeros independientes e incluso jóvenes de otras carreras se sumaron a la iniciativa. Mientras algunos diseñaban flyers para difundir en redes sociales los puntos donde la gente podía acercar donaciones, otros empezaban a hacer llamados y enviar mensajes en busca de vehículos.

TRABAJO EN EQUIPO. Estudiantes de distintas agrupaciones y carreras se sumaron a la iniciativa. / GENTILEZA DE ANA RACEDO

El resultado superó las expectativas. Lograron reunir camionetas, autos particulares e incluso camiones para trasladar la ayuda. En medio de esa búsqueda también apareció una posibilidad inesperada: una lancha que podía ser utilizada si el acceso por tierra se volvía complicado.

“El tema de los vehículos fue una cuestión de gestión y de contactos. Empezamos a mandar mensajes y la gente fue respondiendo”, recordó Racedo.

La organización avanzó durante toda la semana. Finalmente, el viernes por la siesta fijaron el punto de encuentro en la propia facultad. Desde las tres de la tarde comenzaron a organizar las bolsas, cajas y paquetes que habían sido recolectados en distintos puntos.

Entre todos cargaron las camionetas, acomodaron los bultos y organizaron la ayuda para iniciar el viaje hacia Leales. Desde allí partieron rumbo a Los Gómez para entregar las donaciones.

Para muchos de los estudiantes que participaron, el momento también dejó imágenes difíciles de olvidar.

SOLIDARIDAD. Bolsas con alimentos, ropa y artículos de limpieza fueron reunidas para las comunidades afectadas por las inundaciones. / GENTILEZA DE ANA RACEDO

“Fue shockeante ver el estado en el que estaban algunas comunidades”, contó María Pía después del recorrido.

Pero si algo marcó la experiencia, coinciden quienes participaron, fue la forma en que lograron organizarse entre jóvenes con miradas y trayectorias diferentes.

“Lo que más me sorprendió fue la unión de los chicos. A pesar de las diferencias políticas o ideológicas, todos tiraron para el mismo lado”, destacó.

Delgado coincide con esa sensación. “Si la manera más eficiente de ayudar era trabajando juntos, no había motivo para negarse”, señaló.

En medio de una emergencia que dejó calles anegadas, casas afectadas y comunidades enteras tratando de recuperarse, estos estudiantes decidieron enfocarse en una tarea simple pero clave: que la ayuda no se quede en las bolsas o en los depósitos, sino que llegue a destino.

Porque a veces la solidaridad empieza con una donación, pero necesita organización para convertirse en ayuda real.