Pedro Pablo Verasaluse
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Francisco Isauro Arancibia nació en el departamento de Monteros el 25 de marzo de 1926. Murió el 24 de marzo de 1976 junto a su hermano Arturo René Arancibia, ambos víctimas de asesinato, en el local de la antigua sede de la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (ATEP), Congreso 295, San Miguel de Tucumán. Comienza su carrera profesional como maestro de grado, en la Escuela 198: Esther Barrionuevo de Calderón (Establecimiento rural, estatal, localizado en Buena Vista Oeste, Departamento de Simoca). Toma cargo luego en el Colegio del Sagrado Corazón y continuará, como maestro de grado, en la Escuela Nocturna Ciudadela. Es elegido Delegado Escolar para participar en ATEP, en representación de los docentes de la escuela mencionada. A partir de este momento, comienza a participar formalmente con un rol específico en la vida institucional de la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales. Se desempeñó como máxima autoridad de ATEP desde el 8 de junio 1958 al ser elegido Presidente de la Agremiación, hasta el 24 de marzo de 1976. Aunque no registrado en su Foja de Servicios, del testimonio de contemporáneos y familiares, resulta que “el maestro Arancibia tiene un concepto profesional destacado”.
ATEP cumple 70 años: el gremio de los docentes estatales recuerda a Francisco Isauro ArancibiaDesde 1958, hasta su fallecimiento en 1976, ejerció ininterrumpidamente como presidente de ATEP, ganando todas las elecciones en esos 18 años y consolidando la organización gremial. A la fecha de su fallecimiento, y siendo ya docente, es también alumno matriculado en la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Tucumán. Lideró huelgas históricas, como la de 1959, que consolidaron a ATEP como actor político y social en el escenario provincial y nacional. Fue estratégica su modalidad de paro (sin asistencia en los lugares de trabajo), con dictado de clases en clubes, inmediaciones de las escuelas y espacios alternativos para mantener su alianza con la comunidad y no afectar el aprendizaje de los alumnos. De igual manera, innumerables actos de protesta se realizaban de delantal y fuera del horario escolar (o en contra turno) para no afectar el normal dictado de clases. Promovió la equiparación salarial entre docentes provinciales y nacionales. Creó la Caja de Previsión por Fallecimiento, la Obra Social Docente y la Caja de Crédito y Ahorros, con criterios solidarios. Implementó una Acción Social que brindaba los servicios médico asistenciales más completos de su época, con servicios complementarios (descuentos en farmacias, por ejemplo) en toda la Provincia, siendo la primera organización sindical de Tucumán que, junto al Colegio Médico, inicia la “Medicina Social” en la Provincia. Exigió permanentemente y logró concretar la normalización y elección de autoridades del Consejo de Educación, el que estuvo intervenido por Estado Provincial durante años. Exigió transporte escolar y provisión de materiales por parte del Consejo de Educación. Defendió la gratuidad y la laicidad de la enseñanza, garantizando igualdad de acceso. Intercedió en la crisis azucarera proponiendo que trabajadores desocupados fabricaran mobiliario escolar, vinculando empleo y mejora educativa. Impulsó la Escuela Superior de Magisterio y la construcción de un edificio escolar modelo. Logró la adquisición y equipamiento de la “Casa del Docente” en la ciudad de Tucumán, para los maestros en tránsito del Interior Provincial y para que los afiliados de ATEP tuvieran ese alojamiento en similares dependencias en el resto del país, en base a convenios de reciprocidad, fue también otra solución a necesidades del magisterio y un beneficio directo para los afiliados. Adquirió para el gremio las hosterías de Tafí del Valle y de San Pedro de Colalao. Concretó la construcción de un “Barrio 90 Viviendas”, a través del Banco Hipotecario Nacional. Creó la imprenta de ATEP. Publicó el periódico gremial “ATEP en Marcha”, fortaleciendo la comunicación y formación sindical. Participó, de manera activa y destacada, en la formación de la Confederación Argentina de Maestros y Profesores Diplomados (Camypd); la Federación Docente de Tucumán (FDT); la Confederación General de Educadores de la República Argentina (Cgera) y el Acuerdo de Nucleamientos Docentes (AND), antecedentes de Ctera. Es, en la hostería ATEP, en Tafí del Valle, cuando bajo su inspiradora presencia, en febrero de 1973 los representantes de todas las organizaciones sindicales docentes del país, elaboraron el documento base de la “Declaración de Principios” y el “Estatuto” que luego se aprobaría en Huerta Grande, (Córdoba), en julio-agosto del mismo año. Finalmente, en las jornadas de septiembre de 1973, se constituirá definitivamente la Ctera: Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina. Francisco Isauro Arancibia integrará la primera Junta Ejecutiva de la Confederación como Secretario Adjunto de la misma. Su ideal de la unidad docente, a la que sirvió como uno de sus luchadores más genuinos, alcanzaba con Ctera una realidad indiscutible.
Arturo René
Arturo René Arancibia nació en el Departamento Monteros el 7 de julio de 1942 en el seno de una familia de diez hermanos (cuatro varones –dos fallecidos precipitadamente- y seis mujeres). Falleció asesinado junto a su hermano mayor Isauro el 24 de marzo de 1976 en la antigua Sede gremial de ATEP. A diferencia de Francisco Isauro, quien nunca había contraído matrimonio ni formado una familia propia, al momento de ser asesinado a sus 33 años, Arturo René dejó una viuda e hijos que se quedaron huérfanos en el hogar que había constituido con ellos. Se desempeñó como docente, durante 13 años hasta su asesinato el 24 de marzo de 1976. Comenzó su carrera profesional como maestro nocturno reemplazante en la Escuela Nocturna Ciudadela. Posteriormente, toma cargo en la Escuela Tomás Godoy Cruz del 30 de octubre de 1972 hasta el 24 de marzo de 1976. No ocupó ningún cargo ni realizó ninguna función específica dentro de la Comisión Directiva de ATEP. Sólo se desempeñó como delegado gremial en sus primeros años de docente. Su rol se limitó a acompañar, colaborar y ser un gran apoyo para su hermano, Francisco Isauro, en toda su gestión. Fue la persona de más entera confianza de Isauro Arancibia. Le apasionaba el atletismo y las actividades deportivas en general. Sentía un gran amor y una profunda admiración por su hermano Isauro. Esto explica su decisión de acompañar a Francisco Isauro Arancibia la madrugada fatídica del 24 de marzo de 1976, a pesar de las serias amenazas a la persona de su hermano y de las advertencias previas sobre el golpe de estado.