Recientemente se estrenó “Cumbres borrascosas”, película de drama romántico escrita y dirigida por Emerald Fennell, basada en la novela homónima de 1847 de Emily Brontë. A pesar de ser un éxito de taquilla, ha recibido críticas desparejas, sobre todo en cuanto a su fidelidad respecto de la obra original. No sólo eso: Mariana Enríquez, por ejemplo, la calificó de “aburrida y tonta”.

Pero… ¿de qué va la historia que sigue cautivando después de casi dos siglos? Previsiblemente, de amor. Del intenso amor entre Cathy y Heathcliff, dos jóvenes que crecieron juntos e inseparables en la gótica y ventosa finca de Cumbres Borrascosas, propiedad del señor Earnshaw, padre de Cathy, un hombre violento y adicto al juego y al alcohol. Los protagonistas -encarnados por Margot Robbie y Jacob Elordi- vivirán un amor tan apasionado como tortuoso y destructivo... tóxico.

El término “tóxico”, aplicado a los vínculos, fue popularizado en los 90 por la comunicadora estadounidense Lillian Glass en su libro “Toxic People: 10 Ways of Dealing With People Who Make Your Life Miserable” (“Gente tóxica: 10 maneras de lidiar con gente que hace tu vida miserable”). Muchos otros entusiastas de la autoayuda tomaron esa expresión. Bernardo Stamateas, entre ellos. Pero cuando hablamos de un amor tóxico, ¿a qué nos referimos? El psicólogo argentino Juan Armando Corbin postula 10 características de estas “parejas imposibles”:

1- Vida social limitada: el amor tóxico se caracteriza porque la persona deja de lado sus amistades para volcarse pura y exclusivamente a la relación. Lo cual genera una pérdida de autonomía. Deja de frecuentar los lugares de siempre, olvida sus intereses, descuida los viejos amigos. Un rasgo que por lo general resulta agobiante y poco atractivo.

2- Necesidad de aprobación de amor: estos demandantes exigen recibir todo el tiempo un trato cargado de afectividad, producto del miedo a estar solos y de una gran inseguridad. Estilo que suele llevarlos a ser esclavos de ciertos comportamientos y a que se generen dinámicas de relación muy dañinas, donde el poder lo ostenta solo un miembro de la pareja.

3- Dependencia emocional: la inseguridad conduce indefectiblemente a la dependencia emocional. No es para menos: la felicidad está en manos de otro. Esto causa adicción a la pareja, aunque la relación no esté funcionando.

4- Obsesión con la relación: no es raro que la persona se obsesione con la relación y que se vuelva asfixiante en el trato. Esto se ve, por ejemplo, en el hecho de que no es capaz de negociar y llegar a acuerdos o de respetar al otro.

5- Irracional y poco realista: Corbin sostiene que, a diferencia de lo que sucede en un amor maduro y auténtico, racional y realista, el amor tóxico suele alimentarse de la ilusión y las expectativas irreales.

6- Preocupación por el cambio: en las relaciones saludables, las personas se alegran cuando al otro la va bien; desean que crezca y se desarrolle. Por lo mismo, no les temen a los cambios. En las relaciones tóxicas ocurre lo contrario: existe un gran temor en este sentido, porque supone una potencial amenaza a la relación.

7- Es posesivo y manipulador: Mientras que en un amor sano hay una base de confianza y libertad, en el amor tóxico priman las actitudes y conductas posesivas y los celos. La necesidad de controlar al otro en todo momento, de saber qué hace y dónde está. Por lo mismo, son frecuentes el chantaje emocional y la manipulación. Es decir, generan culpa, intimidan y provocan temor en el otro. Un ejemplo es cuando alguien dice o sugiere “Si hacés tal o cual cosa, es que no me querés”.

8- Intenta cambiar al otro: El psicólogo sostiene que si hay un empeño en cambiar al otro es una mala señal. Lo saludable es llegar aceptarlo tal y como es.

9- Culpabiliza: Mientras en los buenos vínculos es posible negociar y ambos asumen su parte de responsabilidad cuando surgen problemas... en las parejas disfuncionales, con frecuencia uno de los dos intenta culpabilizar al otro y se cree dueño de la verdad.

10- Hace sufrir: Si bien en todas las parejas puede haber malentendidos y discusiones, el sufrimiento no debería ser la regla. Por eso, Corbin afirma que a veces sólo se trata de responder una pregunta de lo más simple: “¿Te hace sufrir este amor? Si la respuesta es sí, entonces es un amor tóxico”.