San Martín perdió con Gimnasia y Tiro y volvieron las dudas alrededor del equipo

  • San Martín de Tucumán perdió 1-0 ante Gimnasia y Tiro en Salta por la Primera Nacional, tras un gol agónico de Nicolás Contín que reavivó dudas sobre el equipo de Andrés Yllana.
  • El 'Santo' mostró un juego espeso y sintió la ausencia de Jorge Juárez. Pese a dominar tramos del segundo tiempo y realizar cambios ofensivos, un error defensivo selló la derrota.
  • Este resultado frena el envión del triunfo previo y genera malestar en la hinchada. El desafío de Yllana será recuperar el equilibrio futbolístico para calmar los cuestionamientos.

SIN RESPUESTAS. Los jugadores del Santo se retiran de la cabizbajos, luego de la derrota. SIN RESPUESTAS. Los jugadores del "Santo" se retiran de la cabizbajos, luego de la derrota. Javier Corbalán, especial para LA GACETA

Andrés Yllana le daba las últimas indicaciones a un Gonzalo Rodríguez que escuchaba atentamente al lado del cuarto árbitro. Ambos, como todo San Martín, sentían que el triunfo estaba ahí, al alcance de la mano. Pero al levantar la cabeza y mirar hacia el arco de Darío Sand, la realidad devolvió un golpe seco: Nicolás Contín la clavaba en el ángulo, firmaba el 1 a 0 y dejaba inmóviles, mudos e incrédulos a todos los de rojo y blanco.

San Martín cayó en Salta en un partido con el sello típico de la Primera Nacional. Es esa clase de encuentros cerrados, donde parece que la única incógnita pasa por saber si el destino final será un empate clavado o una victoria basada en detalles. Esta vez, el imponderable cayó del lado salteño.

No había sido el mejor partido del “Santo”, pero estaba lejos también de ser el peor. Sin embargo, desde el arranque se notó que con el frío de la tarde-noche salteña, a San Martín le costaba carburar. El equipo intentó entrar en calor moviendo la pelota, pero el juego se volvió espeso, cortado y sin fluidez.

Ante ese panorama, la temperatura subió afuera de la cancha: el cuerpo técnico tucumano vivió el partido con las pulsaciones a mil, quejándose de forma vehemente con la terna arbitral ante cada pelota dividida, buscando empujar a los suyos.

La defensa, es verdad, casi no sufrió. El orden atrás permitía ilusionarse con que, si se encendía una chispa arriba, el triunfo viajaba a Tucumán. De hecho, en el segundo tiempo, San Martín merodeó el gol con dos o tres chances claras. Primero, Nicolás Ferreyra no se pudo acomodar en una zona de la cancha que no es la suya y terminó tropezando con la pelota; un rato después, Alan Cisnero la agarró demasiado abajo tras un centro atrás de Diego Diellos y el remate se fue alto. Sumado a un par de rebotes “sucios” en el área local, daba la sensación de que el “Santo” estaba para dar el zarpazo. Así lo entendió Yllana, que decidió tocar el equipo, pero esta vez las variantes no le funcionaron como esperaba.

Facundo Pons entró por Arfaras y aportó poco y nada. Benjamín Borasi ingresó por Cisnero pero no logró desequilibrar ni desbordar casi en ninguna oportunidad. Por su parte, Matías García se paró como carrilero por izquierda en lugar de Nahuel Gallardo, pero su jerarquía no pesó en el ataque. Justo cuando el “Turbo” Rodríguez se acomodaba los pantalones para quemar las naves, llegó el baldazo de agua helada que congeló la ilusión.

Si se toma como medida la buena producción del equipo el martes pasado frente a Gimnasia de Jujuy, hubo ausencias y rendimientos individuales que explican este retroceso. El primero, sin dudas, fue la falta de Jorge Juárez. Los de Ciudadela extrañaron en demasía al tucumano. Elías López, de características totalmente distintas,  careció del manejo, el despliegue y la visión que aporta el oriundo de Leales.

El otro punto bajo estuvo en la noche de Diellos. Al “9” nunca se le puede cuestionar el sacrificio ni la entrega, pero en el “Gigante del Norte” jamás tuvo claridad: perdió muchas pelotas, estuvo impreciso de espaldas y decidió mal en los metros finales. Tampoco dio frutos el regreso de Santiago Briñone a jugar desde el arranque. Una mala entrega suya hacia atrás en el primer tiempo provocó la chance de mayor peligro para el local antes del gol, y el hecho de llevar la camiseta número “10” hizo que se note aún más lo que le cuesta tener que ser la manija del equipo.

El pitazo final dejó flotando en el estadio dos sensaciones totalmente opuestas. En los vestuarios, después de masticar bronca, Yllana eligió desdramatizar la derrota y pensar rápidamente en la revancha. Sin embargo, a pocos metros de allí, el clima en las plateas era de pura ebullición: los hinchas que acompañaron al equipo no ocultaron su enojo y se retiraron cuestionando tanto al DT como a algunos jugadores.

Como casi siempre, la verdad marchará por el carril del medio. Para San Martín, el desafío de cara a lo que viene será encontrar el equilibrio entre la paciencia que pide el cuerpo técnico y el fuego que le exige su gente. En Salta quedó claro que un parpadeo basta para volverse a Tucumán con las manos vacías y el cuerpo congelado.

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