Cuando los policías ingresaron a la casa, el niño no dudó: “Mi papá le disparó”. Ese dato fue suficiente para esclarecer el tercer femicidio que se registró en el año. Un caso que tuvo algunas aristas confusas, pero con el correr de las horas, las dudas terminaron despejándose rápidamente y se confirmó, una vez más, que la violencia machista parece imparable.

Ayer, cerca de las 16, Ángel David Nadal (39 años) se presentó en la casa de su madre, ubicada en el barrio Crucero Belgrano. Tenía una herida de arma de fuego en la cabeza. Les dijo a sus familiares que había sido atacado y que le habían disparado. Fue trasladado al hospital Padilla.

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Antes de ser retirado, le dijo a su hermano, Cristian Lorenzo Nadal (35), que fuera a su casa para ver cómo se encontraba su mujer, Carina Lorena González (33), que estuvo con él en su casa ubicada en el barrio San Alberto. Hasta le pidió que se fuera en su moto.

Cristian le hizo caso y se dirigió hacia la casa de su hermano, ubicada a unas 10 cuadras del lugar donde había llegado el herido. Al entrar, encontró a su cuñada sin vida y a sus sobrinos, de tres y siete años, llorando desconsoladamente en una habitación. Luego llamó a la Policía para denunciar el hallazgo. Los uniformados se presentaron en el lugar y constataron que la víctima había fallecido como consecuencia de los balazos —no se precisó aún la cantidad— que recibió.

Según confiaron fuentes judiciales, los niños les habrían dicho a los uniformados que sus padres habían tenido una fuerte discusión y que, en un momento, Ángel Nadal sacó un arma y le disparó. Luego, habría intentado quitarse la vida, pero, al no cumplir con su objetivo, se dirigió a la casa de su madre para plantear una historia falsa.

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Enterado de la situación, el fiscal Pedro Gallo constató que el sospechoso estaba siendo atendido en el Padilla. Los médicos confirmaron que tenía una herida en la cabeza, que estaba lúcido y que, en principio, su vida no corría peligro. Ordenó que fuera aprehendido y que fuera custodiado hasta tanto se recupere y esté en condiciones de afrontar la audiencia en la que será acusado del femicidio.

Dolor

El paso de las horas no mitigó el dolor y el horror que habían experimentado los vecinos y familiares de la víctima. “La verdad es que vivimos en un mundo de mierda, donde todos los valores se perdieron. ¿Qué tipo de persona puede matar a una mujer delante de sus propios hijos? Esos chicos no se recuperan más”, indicó Luciana Fuentes.

“Ellos vivían junto a sus tres hijos. El más grande, que tiene unos 15 años, estaba en la escuela. Por suerte no estuvo en el lugar cuando ese animal decidió matarla, a esa pobre chica. Dicen los vecinos que la atacó por la espalda y le realizó varios tiros. Estamos esperando que los policías nos cuenten más cosas”, explicó María del Carmen Herrera, vecina que estuvo durante horas observando el trabajo que realizaban los peritos.

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Luciana González, allegada a la familia de la víctima, señaló que sabían que Nadal era un hombre violento, pero jamás se imaginaron que llegaría a este final. “Él la celaba mucho. Hace dos o tres meses, ella hizo una denuncia por violencia de género. Le pidió a los policías que la dejaran en la casa de su hermana, porque él no se quería ir de la casa. Volvió una noche y se quedó ahí. Después ella dijo que se había arreglado con él y por eso no siguió con la causa”, explicó en una entrevista con LA GACETA.

“Evidentemente ella vivía una pesadilla. Los familiares nos contaron que casi no se frecuentaban porque él no quería. No sabían mucho de su vida porque ella se negaba a contarlo. Es una desgracia, pero este tipo de situación es cada vez más común”, finalizó Gonzalo Ramírez, pariente lejano de la víctima.