El momento de San Martín en la Primera Nacional, aunque no es el ideal (ganó solo dos de sus últimos seis encuentros), parece un verdadero paraíso si se lo mira desde Carlos Casares. El rival que recibirá este domingo al “Santo” transita sus horas más oscuras. Al pésimo momento futbolístico se le agregó esta semana un factor mucho más grave, que amenaza no solo su campaña en el certamen, sino la continuidad del proyecto.

En medio de la tormenta dentro de la cancha, el martes llegó desde los despachos una noticia demoledora. Bernardo Grobocopatel, el hombre que fundó el club de la nada en 2011 y lo llevó a la segunda categoría en tiempo récord, anunció su salida. “Hay cosas que, sin hacer ruido, empiezan a despedirse”, sentenció el fundador, presidente, y principal sostén económico de la institución en sus redes sociales y ratificó el inicio de una transición para desligarse totalmente de la entidad.

La primera víctima

Luego de apenas ocho fechas, Agropecuario sufrió una temprana baja: su DT. Adrián Adrover estaba al mando del equipo desde el año pasado, donde había redondeado una respetable actuación terminando séptimo y clasificándose al reducido. Sin embargo, las cinco derrotas en el inicio de este 2026 dejaron fuera del cargo.  

Quien tomó la posta fue su ayudante de campo, Patricio Toranzo. Sin embargo, el debut del ex Huracán no trajo el esperado “efecto despertador”: el equipo cayó sin atenuantes ante Atlético Rafaela por 4-1.  

En un plantel sin grandes nombres (a diferencia de lo que ocurría hace algunas temporadas), los más conocidos para el público general son Tomás Lecanda, con un puñado de partidos en Primera División en Aldosivi, San Martín de San Juan y River, y el ex Atlético Tucumán Carlos Auzqui. Aunque el “Perro” comenzó siendo titular, en las últimas dos fechas quedó relegado.

Cambio de esquema

Con Adrover, Agropecuario solía refugiarse en una línea de cinco defensores que le daba cierta estabilidad, aunque poco vuelo. Toranzo, en cambio, decidió ser más pragmático y pasó a un 4-4-2 clásico. Si bien el equipo no fue tan inferior en el desarrollo ante la “Crema”, los desajustes en el retroceso lo terminaron condenando.

Fue un conjunto “largo”, que dejó baches enormes entre los volantes y los centrales. Para colmo, para recibir al “Santo”, perdió una pieza clave: Santiago Gallucci Otero, el eje del equilibrio en el medio, quien vio la roja en Rafaela y deberá cumplir sanción. Sin él, el círculo central queda huérfano de voz de mando y experiencia.

Oportunidad de oro

El “Sojero”, habitante habitual de los reducidos por los ascensos en el último lustro, hoy está metido de lleno en la lucha de abajo. En este momento, los de Carlos Casares deberían disputar un pentagonal de desempate junto a Maipú, Chacarita, Colegiales y Almagro. Para peor, de todos ellos, los del interior de la provincia de Buenos Aires son los únicos que no ganaron ni uno solo de los últimos cinco encuentros. Además, junto a los mendocinos son los equipos más goleados de la zona B (13 tantos en contra).

El escenario para el equipo de Andrés Yllana es, en los papeles, inmejorable. Sin embargo, en esta categoría la desesperación ajena suele ser un arma de doble filo. Para volverse con los tres puntos, San Martín debería enfocarse en tres pilares.

Golpear el ánimo temprano: enfrente estará un equipo psicológicamente debilitado. Si el “Santo” logra imponerse en los primeros 15 minutos, el pesimismo se magnificará en el rival. Un plantel que sabe que su dueño se va y que viene de recibir cuatro goles tiene altas chances de bajar los brazos ante la primera dificultad.

Explotar el juego aéreo: El talón de Aquiles de este Agropecuario son los centros y las segundas pelotas. Cuatro de los últimos seis goles recibidos vinieron tras envíos al área que la zaga no pudo despejar. San Martín debe cargar el área; la dupla defensiva de Casares hoy no ofrece garantías y sufre horrores en cada envío.

Ganar la batalla del medio: Sin Galucci Otero, los de Ciudadela tienen la obligación de adueñarse de la pelota. El “Sojero” es un equipo que, cuando no tiene el balón, corre mucho y mal. Si los de Yllana logran que el partido sea de posesiones largas, desgastarán a un rival que ya llega física y mentalmente al límite por su crisis interna.

El duelo en el Ofelia Rosenzuaig aparece como una oportunidad de oro. Los de Bolívar y Pellegrini no solo enfrentan a un conjunto que no suma de a tres hace casi un mes, sino a un club que ve en peligro su futuro institucional. El “Santo” tiene la obligación de ser un verdugo más de un proyecto que, en Carlos Casares, todos sienten que está cerca de su final.