Esta semana, una filtración del Pentágono sacudió tanto a Gran Bretaña como a Argentina, al revelar que la administración de Donald Trump evalúa revisar su histórico respaldo a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas. Según reveló la agencia Reuters, Washington analiza modificar su tradicional apoyo a Londres en la disputa por las Islas, en lo que se interpreta como una represalia tras la negativa británica a colaborar en operativos militares contra Irán.

La noticia provocó una fuerte reacción en la prensa británica. Para The Independent, el trasfondo incluye la tensión personal entre Trump y el primer ministro Keir Starmer, a quien el mandatario estadounidense habría calificado de “cobarde”, lo que explicaría el giro en la postura de la Casa Blanca. El impacto también se sintió en el ámbito militar. El almirante Alan West advirtió en The Sun que Trump “no comprende la esencia de la OTAN ni el liderazgo de las alianzas”. A su vez, el Daily Mail señaló que la presión podría extenderse a otros países como España, que también estaría bajo la lupa del Pentágono.

El escenario suma incertidumbre para Argentina. La cercanía ideológica entre el presidente Javier Milei y Trump abre interrogantes sobre un eventual cambio en la tradicional neutralidad de Estados Unidos frente al reclamo argentino.

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En Londres

A través de un portavoz oficial, el Ejecutivo británico ratificó que su soberanía sobre las Islas Malvinas (Falklands) es “firme e inmutable”, poniendo el principio de autodeterminación de los isleños como el eje central de su defensa. Aunque el portavoz evitó referirse explícitamente al informe de la agencia Reuters, la respuesta fue interpretada como un mensaje cifrado hacia Washington.

“Nuestra postura no podría ser más clara. La soberanía pertenece al Reino Unido y la autodeterminación es fundamental”, señaló la fuente oficial, al recordar el referéndum en el que los habitantes del archipiélago votaron masivamente a favor de mantener su estatus como territorio británico de ultramar.

En Buenos Aires

Por su parte, la administración argentina rechazó la posición británica. El canciller Pablo Quirno afirmó que el país “rechaza la invocación británica del principio de libre determinación de los pueblos”. Además, cuestionó la ocupación de 1883 al señalar: “Fue un acto de fuerza contrario al derecho internacional de la época que vulneró nuestra integridad territorial y dio inicio a una situación colonial que persiste”.

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También reiteró el llamado a retomar negociaciones bilaterales con respaldo internacional: “Este llamado ha sido reiterado por numerosos pronunciamientos bilaterales y multilaterales”. “Rechazamos la invocación británica del principio de libre determinación de los pueblos. Los actuales habitantes de las Islas Malvinas no han sido nunca reconocidos como un ‘pueblo’ por las Naciones Unidas. No resulta aceptable que los habitantes de las islas se conviertan en árbitros de una disputa territorial en la que su propio país, como población implantada, es parte. Por ello tampoco tiene validez el pretendido ‘referéndum’ de 2013″, subrayó.