En tiempos en los que los mosquitos son tema de Estado en la provincia, buscar maneras de combatir los virus que transmiten son casi obsesivas. Y es lógico: nadie quiere las enfermedades que transmiten los mosquitos Aedes aegypti. Pero hay que estar atentos a qué sirve y qué no para combatir el dengue, zika o chikungunya. Hacerle consultas a los buscadores web o a los modelos de Inteligencia Artificial son acciones que sirven, sí, pero la investigación debe ser minuciosa.

Algunas viralizaciones llevan a presentar el “Heat It” de manera incorrecta: no forma parte de un circuito que ataque a los mosquitos. Su uso se justifica una vez que se produce la picadura y no precisamente sobre las bacterias que podría haber transmitido el insecto.

Pequeño y práctico

El dispositivo médico es muy compacto, del tamaño de un llavero, diseñado para aliviar el picor y el dolor de las picaduras de mosquitos, abejas, avispas utilizando únicamente calor, sin químicos. 

Se conecta directamente al puerto de carga del celular. Utilizando la energía del teléfono para calentar una pequeña placa cerámica a unos 51 °C durante unos segundos, se lo aplica sobre la picadura. El calor concentrado desnaturaliza las proteínas de la saliva del insecto que causan la irritación, cortando el picor casi al instante. Se controla desde una aplicación gratuita donde se puede elegir si es para un niño (menor intensidad), piel sensible y también la duración del tratamiento.

Es una herramienta de tratamiento post-picadura. Para el contexto de Tucumán, es fundamental tener presente la distinción. Solo alivia la picazón y la inflamación, evita que la persona picada no se rasque, lo cual es clave para no generar lesiones en la piel que puedan infectarse.

¿Cómo surgió?

Su historia empezó en un entorno académico. En 2016 en el Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT), en Alemania, cuatro estudiantes de ingeniería estaban hartos de las picaduras de mosquitos. Uno de ellos ya conocía el principio de aplicar calor, pero los aparatos que existían en ese entonces eran grandes, usaban pilas y no se podían llevar a todos lados.  

Tras ganar una competencia de ideas en la universidad, fundaron su propia startup llamada Kamedi. Pasaron dos años desarrollando prototipos. Curiosamente, el éxito llegó gracias a un empujón del público. 

En el verano de 2019: lanzaron una campaña de crowdfunding (financiamiento colectivo) en la plataforma alemana Startnext. Casi 2.000 personas los apoyaron, lo que les permitió financiar la primera producción en masa.  

Entre 2024 y 2025, el dispositivo se volvió masivo a nivel mundial, alcanzando más de 1.5 millones de unidades vendidas y más de 75 millones de tratamientos realizados a través de la app. Recientemente fue una de las invenciones destacadas de 2025 por la revista Time.