La pelota salió despedida de los guantes de Facundo Sanguinetti y los jugadores de Banfield salieron corriendo hacia el arquero. Enfrente, Nahuel Gallardo se quedó quieto, con las manos en la cintura y la mirada perdida sobre el césped del Padre Ernesto Martearena. Justo él. El hijo de Marcelo Gallardo, que había viajado hasta Salta para verlo desde la tribuna junto a parte de la familia, terminó siendo protagonista involuntario de la escena más dolorosa de la noche. Su remate fue el único que el arquero de Banfield logró contener en la tanda y San Martín dejó escapar una clasificación histórica: cayó por penales y quedó eliminado en los 16avos de final de la Copa Argentina.

La desilusión golpeó fuerte porque el “Santo” había estado muy cerca de concretar una noche inolvidable. Durante gran parte del encuentro jugó mejor que un rival de Primera División, manejó los tiempos y prácticamente no sufrió situaciones claras de peligro. Incluso con una formación mezclada entre titulares y suplentes, el conjunto de Andrés Yllana mostró personalidad, orden y una intensidad que sostuvo incluso cuando las piernas dejaron de responder. Por momentos, el sueño pareció real.

En una de las últimas jugadas del primer tiempo, Danilo Arboleda quedó desparramado sobre el césped después del enganche de Benjamín Borasi. El delantero encontró el espacio justo, avanzó hacia el área y definió cruzado ante la salida de Sanguinetti. El grito explotó detrás del arco ocupado por los hinchas “santos”, que habían llegado hasta Salta convencidos de que el batacazo era posible. Ese gol ponía a San Martín, por primera vez en su historia, en los octavos de final de la Copa Argentina.

Banfield, hasta entonces, había mostrado demasiado poco. Le había costado generar juego, nunca había encontrado profundidad y casi no había inquietado a Nahuel Manganelli. Pero el fútbol suele tener momentos imprevisibles. A los 79 minutos, el recién ingresado Lautaro Gómez sacó un remate desde afuera del área que pegó en el palo derecho del arquero y le quedó servida a Mauro Méndez. El uruguayo definió cruzado y marcó el 1-1 que obligó a resolver todo desde los doce pasos.

Cuando el árbitro señaló el final, Manganelli salió corriendo hacia el vestuario. El arquero fue a buscar un machete con anotaciones sobre los posibles ejecutantes de Banfield. Mientras el resto intentaba tomar aire en el círculo central, él repasaba nombres, perfiles y direcciones de remate en medio del caos.

La tanda arrancó torcida para San Martín. Bruno Sepúlveda convirtió el primero para Banfield y luego llegaron los goles de Santiago Briñone, Nicolás Castro, Luciano Ferreyra y Tiago Peñalba para sostener la ilusión del “Santo”. Del otro lado, Gómez, Nicolás Meriano, Tiziano Perrotta y Méndez tampoco fallaron. Hasta que llegó el último disparo. Gallardo tomó carrera, eligió un tiro anunciado (a media altura y no muy esquinado) y Sanguinetti adivinó la intención. Ahí se terminó todo para el “Santo” y para él.

San Martín se fue de Salta con bronca. Porque estuvo cerca, porque controló a un rival de Primera durante gran parte de la noche, y porque, cuando parecía tener en las manos una de las clasificaciones más importantes de su historia reciente, un rebote, un penal atajado y unos pocos centímetros terminaron inclinando la balanza.