Improvisaciones, pelotazos y desorden: las señales de un San Martín en crisis
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San Martín de Tucumán perdió 1-0 ante Atlanta en La Ciudadela por la Primera Nacional, profundizando su crisis futbolística tras encadenar su segunda derrota consecutiva.
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El equipo de Andrés Yllana mostró desorden, falta de juego e improvisación táctica, agravados por la temprana lesión de Alan Cisnero y los silbidos de la hinchada local.
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Esta nueva derrota aleja al club de la cima de la Zona B y evidencia una pérdida de identidad futbolística que compromete sus aspiraciones de ascenso en el torneo.
SIN RESPUESTAS. Los jugadores de San Martín se retiraron silbados luego de la segunda derrota en fila. LA GACETA / Osvaldo Ripoll
Otra vez, más dudas que respuestas. Otra vez, un equipo sin identidad, sin juego y sin reacción. La derrota de San Martín contra Atlanta en La Ciudadela no hizo más que profundizar una sensación que ya dejó de ser pasajera: el equipo dirigido por Andrés Yllana no encuentra el rumbo y, lo que es peor, parece involucionar fecha tras fecha.
El “Santo” perdió 1 a 0, sí. Pero el resultado terminó siendo apenas una consecuencia lógica de un funcionamiento cada vez más pobre. Porque más allá del gol de Jeremías Rodríguez Puch, de los silbidos finales y del fastidio de la gente, lo verdaderamente preocupante es que San Martín ya ni siquiera transmite señales de crecimiento. Juega mal, produce poco y vive atado a improvisaciones permanentes.
Yllana volvió al 4-4-2, un esquema que parecía lógico después de algunos ensayos fallidos. El problema estuvo en cómo decidió interpretarlo. Teniendo en el banco dos laterales derechos naturales como Víctor Salazar y Elías López, eligió improvisar a Tiago Peñalba en ese sector y resultado fue evidente. San Martín prácticamente no tuvo salida por derecha. El equipo perdió profundidad, circulación y terminó inclinándose constantemente hacia el otro lado o recurriendo al pelotazo frontal, repetitivo e inofensivo (casi su única arma en este torneo para llegar al arco rival)
En ese contexto, Jorge Juárez terminó siendo uno de los pocos que mostró rebeldía. Jugando como volante por derecha, fue el que más intentó romper líneas, el que más empujó y el que al menos contagió algo de energía en un equipo apagado. Sin embargo, en el complemento Yllana primero lo mandó de lateral y después directamente lo sacó. Otra decisión difícil de entender en un equipo que justamente carece de futbolistas capaces de alterar el ritmo o desequilibrar.
Pero si hubo una imagen que explicó gran parte de la noche fue la lesión temprana de Alan Cisnero. Porque quedó absolutamente expuesto que San Martín depende casi exclusivamente de lo que genera él. Cuando Cisnero salió, el equipo perdió claridad, conexión y criterio. Nadie tomó la posta, nadie organizó y nadie pensó el partido. Entonces apareció el recurso más peligroso para cualquier equipo en crisis: dividir la pelota y esperar que algo pase.
San Martín abusa del envío largo. Pelotazos frontales, centros apresurados y ataques desconectados. No hay sociedades, no hay circulación fluida ni movimientos coordinados. Todo parece forzado, improvisado y emocional. El equipo juega más por empuje que por convicción; y cuando el ímpetu tampoco alcanza, queda expuesto.
Tampoco se entiende la situación de Luca Arfaras. Partido tras partido, suele ser uno de los primeros cambios, aun cuando es de los pocos que intenta algo distinto. Con errores, claro, pero también con ganas, agresividad y decisión. En un equipo apagado, su energía debería ser un punto de partida y no una de las primeras piezas descartables.
Si el primer tiempo había sido flojo, el complemento directamente fue paupérrimo. San Martín se desordenó por completo y Atlanta manejó el partido a su antojo. Encontró espacios, jugó con tranquilidad y aprovechó cada retroceso mal hecho del local. Así llegó el 1-0: Lautaro Fedele desparramó rivales con una facilidad alarmante y asistió a Rodríguez Puch, que sólo tuvo que empujarla.
La jugada retrató el momento del equipo. Desorden defensivo, fragilidad emocional y falta absoluta de respuestas; así encadenó su segunda derrota en fila.
Los silbidos finales fueron inevitables. La paciencia de la gente parece agotarse porque el equipo no muestra avances. Pasan las fechas y San Martín no solo pierde puntos; también confianza, funcionamiento y credibilidad futbolística. La cima de la zona B empieza a quedar cada vez más lejos, pero quizás el problema más serio no sea la tabla. El verdadero problema es que hoy nadie sabe a qué juega San Martín.






















