Sin necesidad de que haya un título en juego, hay partidos que se juegan como finales. Se nota en la intensidad de los tackles, en la velocidad de los pases, en el fervor de las hinchadas, en todo. Son escenarios en la que los protagonistas están dispuestos a dar un plus por la victoria. ¿Será por orgullo? ¿Será por rivalidad? ¿Será por la historia? Podrían buscarse muchas respuestas, pero lo cierto es que esa cuota de adrenalina vuelve atractivo a cualquier duelo. Tucumán Rugby y Natación y Gimnasia protagonizaron un partido con esa mentalidad: un choque marcado por el contacto, la alta intensidad y, sobre todo, por el hambre de triunfar. Y esta vez el festejo quedó del lado “blanco”: Natación ganó 33-29, se quedó con el clásico y también con la cima del Anual.

El contexto explicaba buena parte de la expectativa que había alrededor del encuentro. Tucumán Rugby llegaba como líder, con 22 unidades; Natación era escolta, con 19. Además, ambos aparecían como los equipos con mejor funcionamiento colectivo del certamen y como los grandes protagonistas del rugby tucumano de los últimos años.

Basta con rebobinar hasta la última final del Regional para entender el peso del cruce: aquella definición quedó en manos del “Verdinegro”, que cortó una sequía de 10 años sin conquistar el NOA. Pero la rivalidad va mucho más allá de un resultado puntual. Los dos clubes vienen instalados de manera permanente en las instancias decisivas de cada competencia provincial y regional.

Y hay un detalle imposible de pasar por alto: se trata del clásico entre los dos clubes más antiguos de la provincia. El duelo entre los “decanos” del rugby tucumano. Esa carga histórica también se sintió afuera de la cancha. Las tribunas mostraron un gran marco de público y acompañaron cada acción con clima de definición. Porque el partido se jugó así: como una final. Con roces permanentes, con emociones cambiantes y con dos equipos que dejaron en claro por qué vuelven a ser candidatos.

El desarrollo del partido entre Tucumán Rugby y Natación y Gimnasia

Ese espíritu competitivo apareció desde el inicio. Natación dejó clara su ambición desde la primera infracción favorable. César Rivadeneira tomó la responsabilidad, apoyó la pelota en el tee y fue en busca de los primeros puntos. La patada salió desviada. El marcador no se movió, pero la jugada funcionó como una declaración de intenciones: nadie iba a desaprovechar la posibilidad de sumar.

La respuesta “verdinegra” llegó rápidamente. Desde un scrum ganado en campo “blanco”, la “ovalada” pasó por varias manos hasta llegar a Tomás Witte, que encontró un espacio y rompió la defensa del equipo de Cristian Fernández para apoyar el primer try de la tarde. Una señal de que Tucumán Rugby había salido decidido a lastimar. Minutos después, Rafael O’Gorman volvió a golpear y amplió la ventaja para el local. En apenas 11 minutos, el “Verdinegro” ya mandaba 12-0 y parecía empezar a marcar el rumbo de la tarde.

Natación, sin embargo, todavía tenía mucho por decir. Rivadeneira aprovechó un penal para recortar las distancias, y luego Patricio Bonilla apoyó el primer try “blanco” tras un avance sostenido del pack visitante. El clásico entró entonces en una dinámica de golpe por golpe: el marcador se achicó a 12-10 y las diferencias empezaron a reducirse al mínimo.

El “Verdinegro” tampoco quería defraudar a su público. Estaba dispuesto a seguir buscando ese triunfo que reafirmara su protagonismo dentro del rugby tucumano. Porque sí, esa era la verdadera connotación del duelo.

Berarducci volvió a quebrar la defensa “blanca” y apoyó el tercer try para el local. Con la conversión posterior, Tucumán Rugby estiró la ventaja a 19-10. Pero el marcador volvería a modificarse antes del descanso: Matías Orlande comandó un maul para marcar el segundo try “blanco” y dejar el clásico 19-17. Y, sobre el cierre del primer tiempo, Rivadeneira acertó un penal para que Natación se fuera al entretiempo arriba por 20-19.

El segundo tiempo no cambió de tónica. Rivadeneira marcó un nuevo penal y, minutos más tarde, Bonilla anotó el tercer try “blanco” para ampliar la ventaja a 30-19. Una diferencia demasiado amplia para un clásico tan cerrado.

Es cierto: Tucumán Rugby intentó reaccionar a través de un penal ejecutado por Berarducci, pero Rivadeneira respondió rápidamente con otros tres puntos para sostener la ventaja visitante.

El “Verdinegro” continuó empujando, buscando y luchando, pero la defensa “blanca” resistía cada avance con firmeza. Sobre el final, Santiago Aguilar logró la última conquista del local para sellar el 33-29 definitivo, aunque el resultado ya parecía inamovible.

Natación, de este modo, se hizo fuerte en Yerba Buena y ahora es líder del torneo Anual. El “Blanco” tendrá por delante un último compromiso frente a Universitario antes de quedar libre en la jornada final, mientras que Tucumán Rugby todavía conserva chances de recuperar la cima con dos partidos por disputar: Lince, como visitante, y Los Tarcos, en condición de local.

Aunque el Anual entrará ahora en una pausa de tres semanas -el próximo fin de semana no habrá fecha y luego se disputará el Torneo del Interior-, el clásico dejó algo claro: más allá de la tabla y de las semifinales casi aseguradas, cuando Tucumán Rugby y Natación se enfrentan nunca hay un partido más.