Ya lleva más de dos semanas declarada la emergencia de salud pública de importancia internacional por la propagación del ébola en el Congo. Pese a los esfuerzos, las tareas sanitarias siguen siendo infructuosas. Los conflictos armados en el país africano obligaron al director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, a viajar personalmente al sitio de crisis para rogar por un alto al fuego y frenar el riesgo de que la enfermedad se propague de forma internacional.
Registros sospechosos de ébola en BrasilNo sólo los territorios más cercanos a la República Democrática del Congo tomaron medidas para evitar los contagios. Además del cierre de fronteras de Uganda y Ruanda –países limítrofes del Congo–, Europa y Estados Unidos empezaron a prepararse para un fuerte control ante una posible expansión de la cepa Bundibugyo. Argentina, por su parte, detuvo el ingreso de tres buques provenientes del Congo en una tarea de prevención.
Impedimentos del personal médico para tratar el ébola
Pese a la llegada de diferentes organizaciones sanitarias internacionales y voluntarios médicos, las tareas por controlar la transmisión del ébola parece quedar inerme. Médicos y enfermeros se encuentran en el frente que da la cara ante el virus y que, por tanto, resultan atacados primeramente. Decenas de ellos ya se contagiaron en las tiendas de campaña del Congo, lo que lleva a una reducción en las posibilidades de atención.
A la natural propagación de la cepa Bundibugyo –altamente mortal–, se suman los conflictos externos a los hospitales. Los vecinos armados y descreídos de la gravedad de la enfermedad, siguen intentando recuperar los cuerpos de sus familiares fallecidos, lo que incrementa las posibilidades de contagio. Los cuerpos, aún después de la muerte, siguen siendo focos infecciosos.
Médicos colapsados en el Congo
Los test para analizar muestras y diagnosticar la enfermedad son difíciles de conseguir en la zona de Ituri, la más afectada del Congo. Los resultados de las pruebas para saber si hay un positivo a ébola demoran hasta cuatro días en viajar hasta la capital regional y regresar a Ituri, según informó el periódico The New York Times en Español. El tiempo de espera es clave: hasta el regreso de los análisis, muchos pacientes pierden la vida.
En el exterior de los hospitales, se transmite la idea de que las muertes producidas fueron obra de los médicos del Hospital General de Mongbwalu y los voluntarios extranjeros. Creen que se trata de un complot para ganar dinero y rechazan y amenazan al personal sanitario.
Las tribus armadas que protegen sus territorios, la alta circulación de personas entre una ciudad y otra por la actividad minera y la fuerza del virus para propagarse siguen representando una amenaza internacional. En cuanto menos control puedan aplicar los médicos sobre los enfermos y su desplazamiento, más fácil podrá transmitirse el virus y mayor será el riesgo de salida de los principales países bajo alerta.