Preocupación por la internacionalización del ébola: médicos desbordados por el conflicto armado
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La OMS mantiene la emergencia global por ébola en el Congo ante el riesgo de expansión internacional, ya que los conflictos armados impiden el trabajo del personal médico local.
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Los hospitales están colapsados, faltan insumos y los grupos armados atacan a médicos y roban cuerpos infectados, mientras países vecinos cierran fronteras por prevención.
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La falta de control sanitario eleva el peligro de propagación mundial, lo que obliga a países de Europa y América, incluida Argentina, a endurecer controles fronterizos.
El personal médico se encarga de trasladar los cuerpos con equipo especializado para evitar que otras personas toquen a los fallecidos y corran riesgo de contagiarse. Foto: Declan Walsh/The New York Times
Ya lleva más de dos semanas declarada la emergencia de salud pública de importancia internacional por la propagación del ébola en el Congo. Pese a los esfuerzos, las tareas sanitarias siguen siendo infructuosas. Los conflictos armados en el país africano obligaron al director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, a viajar personalmente al sitio de crisis para rogar por un alto al fuego y frenar el riesgo de que la enfermedad se propague de forma internacional.
No sólo los territorios más cercanos a la República Democrática del Congo tomaron medidas para evitar los contagios. Además del cierre de fronteras de Uganda y Ruanda –países limítrofes del Congo–, Europa y Estados Unidos empezaron a prepararse para un fuerte control ante una posible expansión de la cepa Bundibugyo. Argentina, por su parte, detuvo el ingreso de tres buques provenientes del Congo en una tarea de prevención.
La capacidad de los hospitales llegó a su punto máximo, por lo que las personas que sospechan estar contagiadas deben volver a sus casas. Foto: Declan Walsh/The New York Times
Impedimentos del personal médico para tratar el ébola
Pese a la llegada de diferentes organizaciones sanitarias internacionales y voluntarios médicos, las tareas por controlar la transmisión del ébola parece quedar inerme. Médicos y enfermeros se encuentran en el frente que da la cara ante el virus y que, por tanto, resultan atacados primeramente. Decenas de ellos ya se contagiaron en las tiendas de campaña del Congo, lo que lleva a una reducción en las posibilidades de atención.
Una mujer lleva del brazo, sin protección, a su hermana que sospecha tener ébola. Foto: Declan Walsh/The New York Times
A la natural propagación de la cepa Bundibugyo –altamente mortal–, se suman los conflictos externos a los hospitales. Los vecinos armados y descreídos de la gravedad de la enfermedad, siguen intentando recuperar los cuerpos de sus familiares fallecidos, lo que incrementa las posibilidades de contagio. Los cuerpos, aún después de la muerte, siguen siendo focos infecciosos.
El ejército tomó el control de Ituri, la ciudad más afectada por el ébola, en 2021 con el afán de neutralizar a los grupos armados. Foto: Declan Walsh/The New York Times
Médicos colapsados en el Congo
Los test para analizar muestras y diagnosticar la enfermedad son difíciles de conseguir en la zona de Ituri, la más afectada del Congo. Los resultados de las pruebas para saber si hay un positivo a ébola demoran hasta cuatro días en viajar hasta la capital regional y regresar a Ituri, según informó el periódico The New York Times en Español. El tiempo de espera es clave: hasta el regreso de los análisis, muchos pacientes pierden la vida.
En el exterior de los hospitales, se transmite la idea de que las muertes producidas fueron obra de los médicos del Hospital General de Mongbwalu y los voluntarios extranjeros. Creen que se trata de un complot para ganar dinero y rechazan y amenazan al personal sanitario.
Personal médico custodia los cuerpos y se encarga del traslado ante familiares enfurecidos que quieren recuperarlos. Foto: Declan Walsh/The New York Times
Las tribus armadas que protegen sus territorios, la alta circulación de personas entre una ciudad y otra por la actividad minera y la fuerza del virus para propagarse siguen representando una amenaza internacional. En cuanto menos control puedan aplicar los médicos sobre los enfermos y su desplazamiento, más fácil podrá transmitirse el virus y mayor será el riesgo de salida de los principales países bajo alerta.
























