Esta semana se desarrolló una cumbre de jefes de Estado en Madrid, España, de la que participaron los referentes de todos los países de Latinoamérica y el Caribe y de la Unión Europea. La intención principal del encuentro fue retomar las conversaciones para el intercambio comercial entre las naciones de cada orilla del Atlántico, y darle un nuevo impulso al demorado acuerdo de libre comercio desde 2004.

Una de las figuras más destacadas por la prensa internacional fue la del mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que este año completa su mandato presidencial en el vecino país. Este estadista fue considerado por los especialistas económicos del mundo y por la opinión calificada internacional como la figura relevante por su condición de presidente de origen obrero, y haber posicionado a su país en la cumbre de la economía mundial. Son los mismos analistas que prevén que Brasil ocupará la cuarta posición como potencia mundial en 2025.

Brasil fue acompañado por una importante comitiva de economistas y de empresarios que tomaron gran parte de su tiempo para generar espacios de negocios de toda índole, incluso los referidos a las inversiones en materia agropecuaria y agroalimentaria, y también de maquinarias agrícolas, rubro en el que la nación socia del Mercosur es importante exportador.

Producciones
En el territorio brasileño están las fábricas más importantes del mundo de tractores, de cosechadoras, de sembradoras, de ensiladoras, de cubiertas de uso agrícola, entre otras.

Además, es actualmente uno de los principales países productores y exportadores de alimentos del mundo, tanto de materias primas como de productos manufacturados. Es el primer productor de cítricos en el planeta, también figura entre los más importantes proveedores de hortícolas y de soja, es el principal exportador de carnes de alta calidad y de genética ganadera de elevado nivel, y de alimentos de diferente índole producido a lo largo de todo su extenso territorio.

"La economía brasileña es sólida porque nuestra sociedad es sólida, participa en el mercado con productos de alta calidad y exporta al mundo alimentos de alta calidad" , sostuvo Lula da Silva a la prensa internacional. Luego aseguró que "Brasil aprendió a ser serio y en este sentido, ingresó en un camino sin retorno", subrayó.

Luego agregó: "como presidente que dejaré de ser dentro de poco, vengo a pedir a los empresarios españoles que inviertan en Brasil, y ha llegado el momento de que los brasileños también inviertan en España".

Este mensaje final fue el que caló más hondo entre los empresarios del vecino país y fue lo más destacado de su discurso ante cientos de políticos y de empresarios españoles, mostrando así a Brasil como un país de negocios, de apertura, de diálogo y de criterio a la hora de negociar, con la convicción de que en toda negociación no tan sólo hay que recibir sino también hay que dar.

En otro orden, el papel que desempeñó Cristina Fernández no fue el esperado, ya que dedicó gran parte de su tiempo a hablar sólo de política y a brindar apoyo político a personas que nada tienen que ver con las inversiones o con el crecimiento económico de un pueblo. Poco habló de convenios o inversiones. Tanto es así que su estadía y discursos en Madrid pasaron inadvertidos por la prensa calificada, y también en Barcelona, donde estuvo el miércoles.

No hay dudas que la Argentina perdió protagonismo en el escenario mundial. Perdió credibilidad a la hora de cumplir sus contratos y, sobre todo, en materia de exportaciones agroalimentarias. Esto, en el comercio mundial, no se perdona. Y la culpa no tiene su origen en el ámbito privado sino en el público, con el dictado de políticas agropecuarias erradas.

Lo que costó 200 años conseguir se perdió en los últimos cuatro. A partir de la resolución 125, que nunca llegó a concretarse, el Gobierno nacional decidió atacar con sus políticas al hombre de campo, al empresario agropecuario y le cerró el camino para poder llegar con alimentos a los diferentes países del mundo. Sobre todo con los de calidad argentina reconocida en todas las latitudes.

La oportunidades no se dan todos los días y menos en un ámbito en donde la Argentina es considerada un país hermano o aliado como en España. Ahora el empresariado deberá hacer lo que en el ámbito político no se logró. Esto es negociar en una mesa con propuestas concretas y superadoras y, como lo dijo Lula da Silva, "para pedir primero hay que dar".

En nuestro caso, para exportar también tenemos que estar dispuestos a ser receptivos, a importar. El tiempo dirá si la cumbre de Madrid celebrada esta semana benefició más a Brasil que a la Argentina. Las cartas, lamentablemente, ya están jugadas.