El galpón colorido está acurrucado en la esquina de un terreno municipal, que comparte con un edificio y una cancha de fútbol. Las paredes tienen algunos manchones negros, huellas que dejaron las llamas de un incendio que consumió parte de él en agosto.
Allí almuerzan y meriendan, juegan y aprenden, casi 200 chicos pobres de Las Talitas. "Pudimos recuperarnos un poco. Estuvimos noviembre y diciembre sin atender pero hoy arrancamos de nuevo. Es la demora que toma la renovación de convenios con la Nación", explica Teresa Aguilar, coordinadora del comedor "El Señor del Milagro", en el barrio 1º de Noviembre.
"Tras el siniestro, nos donaron un freezer y una heladera de segunda mano para que las arreglemos y la Provincia nos dará las llaves y los cables para la instalación eléctrica. Además, pudimos pintar el interior. Lo que no repusimos son los juegos didácticos y libros infantiles que teníamos, nos vendrían bien", recuenta.
"Las Talitas es muy inseguro. Nos robaron varias veces: cubiertos, platos y sillas, lo que pueden sacar por la ventana. El fin de semana pasado se llevaron una escalera de seis metros que teníamos", lamenta.
Teresa y un grupo de mujeres comenzaron a dar alimentos a los niños hace casi 12 años, cuando su barrio era un asentamiento y el hambre los acorralaba. Luego, lograron la personería jurídica y se aseguraron los alimentos mediante asistencia de la Nación.
Por estos días, la preocupación en el comedor no sólo pasa por la inseguridad, sino también porque no saben si aún podrán seguir en el terreno en el que se encuentran: "aparentemente, el Municipio no estaría con intenciones de renovarnos el préstamo, que vence en junio. Solicitamos audiencias con las autoridades pero jamás fuimos recibidos. Pese a que estamos asistiendo a los vecinos, no nos ayuda en cosas mínimas como cortar el pasto o limpiar el basural que tenemos cerca", concluyó.