Entraron en su casa, le robaron y golpearon a su madre. Según denunció, la Policía no hizo nada al respecto. Esta era la queja del talitense Jorge Gómez, publicada en LA GACETA el 24 de enero de 1994. Hoy, 17 años después, una docena de vecinos y comerciantes que este diario entrevistó al azar en esa ciudad, ubicada al norte de San Miguel de Tucumán, coincidió en que la "vedette" de los problemas sigue siendo la inseguridad.

Pese a que, por su cercanía con la capital era conocida como una ciudad "dormitorio", donde la mayoría de los habitantes residía pero no trabajaba en el lugar, los vecinos afirman que no pueden conciliar el sueño por la cantidad de robos que suceden por las noches. Aunque aclaran que los ataques no sólo ocurren cuando cae el sol.

Reconocen el progreso que hubo en ese joven municipio a raíz de las obras públicas y dicen que algunas áreas son patrulladas por la Policía, pero que en otras, los agentes ni se asoman.

A resguardo

Las avenidas principales de El Colmenar (Perón y William Cross, ambas de una sola mano desde hace un año), las cercanías a las plazas y los barrios de la periferia son los lugares que, según reclaman los talitenses, están a merced de los delincuentes. Basta con recorrer dos cuadras de la avenida Perón -uno de los principales accesos a la ciudad- para encontrar vecinos y vendedores furiosos. Sucede que, sobre el puente que cruza el canal Norte, desfilan los arrebatadores y asaltantes. "El puente es inseguro a toda hora y no hay otra manera de cruzar. Vivimos con miedo. Y el que está en la William Cross es peor", se angustia Carmen Ibarra, de 48 años, sentada en la puerta del quiosco que atiende en Perón al 2750. "Estamos inseguros porque antes andaba la Patrulla Urbana pero les pregunté a los agentes por qué ya no vienen y me dijeron que hay poco personal", dice indignada y ruega que la Policía envíe más agentes. Advierte que un fin de semana atrás, hubo otra ola de robos a negocios en la avenida.

Uno de los afectados es una pollería que está en la vereda del frente. La puerta todavía tiene signos de haber sido forzada: "estamos tan cansados de llegar y encontrar todo revuelto, que escondemos lo que podemos y el dueño se lleva la balanza porque ya nos robaron dos", relata María, de 37 años, una empleada que prefiere no dar su apellido. Cuenta que en éste último atraco, los delincuentes se llevaron 60 kilos de pollo y un matafuego. Su compañero, Claudio Padilla, de 33, es contundente: "no existe la seguridad y pasa de punta a punta en las avenidas".

En el mini service de Cristian Arce, una cuadra más adelante, casi no entra la luz natural. El comerciante tuvo que "tapiar" una ventana y cubrir la otra de su local con dos filas de rejas gruesas: hace un año y medio que abrió y ya le robaron cuatro veces. "El fin de semana me ?barretearon? la puerta. Ya se llevaron balanzas y piezas de fiambres", reniega. El vendedor de 32 años dice estar "harto" y remarca "nadie hace las denuncias porque los agentes ni siquiera viene".

Otro de los locales afectados fue una agencia de quiniela, que ya había sido atacada en octubre: "abrieron y se dieron con que hay una reja interna en medio de la habitación", afirma Laura, la encargada de 27 años.

Le rezan a San Expedito

Juan Antonio Chávez, de 73 años, muestra orgulloso la "grutita" que le hizo a San Expedito a metros de su casa. Explica que la levantó para evitar que los malvivientes se reunieran allí y para "rezar" por más seguridad. "Por suerte todavía no me robaron la imagen", bromea el jubilado que vive en el extremo de la avenida Perón, cerca del canal. Relata que ladrones entraron al patio de su casa "muchas veces" pero que no pudieron llevarse demasiadas cosas. "La Policía no nos cuida. Nos cansamos de llamar y de pedir vigilancia...pero no hacen nada", cierra.

Rosa Romero, de 57 años, se acerca al ver a los vecinos alborotados por la presencia de este diario. Cuenta que le encanta andar en bicicleta, pero que ahora no puede hacerlo y exclama la razón: ¡la semana pasada me robaron la tercera bici en menos de un año! Me sucedió en distintos puntos de esta avenida. Ya me entregarán mi cuarta bici. Le pido a la Municipalidad que pinte menos los cordones cuneta y se ocupe más de nuestra seguridad", ironiza.

Juan Monje, de 50 años, arregla y pinta autos en el garaje de su casa y, junto a su esposa, Viviana Alderete, de 43 años, debieron cambiar parte de sus hábitos: ya no pasean en familia y adquirieron cinco perros guardianes. "Nos turnamos para salir y no dejar la casa sola, nunca podemos pasear todos juntos. Ya se llevaron un secarropas y bicicletas, entre otras cosas. Somos laburantes -ella trabaja en una panadería- y nos cuesta reponer las cosas", dice dolida. Monje, en tanto, es más duro: "a una vecina la balearon para quitarle la cartera sobre el puente. Ya le dije al comisario que el próximo que entre en mi casa, sale muerto. No me puedo arriesgar a que le pase algo a mi familia. Son ellos o yo", advierte. "La situación es crítica en ambas avenidas pero también en los barrios", asevera.

Blanca de Raposo, de 59 años, vive en Villa Mariano Moreno y aclara que los robos no son exclusividad de las avenidas: "a mi hija le arrancaron la cartera a media cuadra de la comisaría, en una parada. Además, en los refugios de colectivos, que están sobre las rutas no hay vigilancia y se dan atracos todos los días", remarca. La jubilada exige una solución: "si no se toman medidas necesarias, en Las Talitas seguiremos siendo rehenes de los delincuentes".

Los vecinos se cansan de enumerar casos y expresan que a medida que pasan los años, la situación empeora. Concuerdan en que no quieren ser noticia por los delitos ni un solo año más.