Con el sigilo de quien camina despacio hacia una lejana meta, Eduardo Duhalde entreabre puertas en cada paso que da en esta región. Sonríe, pregunta, escucha, monologa y de repente se levanta. Está inquieto y va de un lado a otro. De Tucumán a Catamarca, de Catamarca a Tucumán; de Tucumán a Santiago del Estero. No escatima recursos ni esfuerzos. Dos vehículos y una camioneta persiguen el auto color gris plata con vidrios polarizados en el que se moviliza junto al sindicalista Gerónimo "Momo" Venegas. La caravana acelera y frena de golpe. Duhalde digita todo, pide a su camarógrafo que apague la cámara y a su fotógrafo que acabe con los flashes. Cruza las piernas, habla de política nacional y de los problemas regionales y da un salto hacia la unidad latinoamericana. Gesticula como presidente, se mueve como un jefe de Estado y habla, constantemente, en plural. "Nosotros", dice cada vez que se refiere a la larga carrera que aún lo separa de la Casa Rosada.

Desde que hizo pie en esta provincia, el martes, el precandidato a presidente por el Peronismo Federal mutó de reunión en reunión. La primaria abierta del justicialismo disidente en la región tendrá lugar el domingo, y Duhalde admite que ese es el primer paso para posicionarse como el único opositor capaz de destronar al kirchnerismo. Ayer, ante la cúpula de la Sociedad Rural de Tucumán (lo recibió su presidente, José Manuel Avellaneda), planteó el escenario político y económico poselectoral: según si gana Cristina Fernández de Kirchner ,y según si triunfa él.

Sin rodeos, trabaja para convencer a sus ocasionales interlocutores de que sólo se puede vencer al kirchnerismo con el armado de una estructura de cuatro patas: el peronismo federal, el macrismo, el radicalismo y el socialismo. De lo contrario -se desprende de sus dichos- habrá kirchnerismo por otros cuatro años. "Ayer lo reté a (Mauricio) Macri porque se adelantó", dijo ante los ruralistas, en alusión al documento de cinco políticas de Estado que planea consensuar con los principales referentes opositores.

Durante la charla de 40 minutos en la sede ruralista, Duhalde reivindicó la institucionalidad que caracterizó al gobierno de Raúl Alfonsín y ponderó al ex presidente Carlos Menem. "No apretaba a nadie. Teníamos libertad", dijo en alusión a los gobernadores de los 90. al contraponer esa gestión con la actual.

"Este Gobierno lo compra todo: gobernadores, gremialistas, empresarios. Ahora todo tiene precio; antes no era así", señaló. Y graficó la sumisión de los gobernadores al poder central con un dato económico: el 70% de los recursos son manejados por la Nación. Antes de partir, acomodó el crucifijo que cuelga de la pulsera plateada que lleva en su muñeca izquierda. Caminó hasta los jardines de la Sociedad Rural, posó para las cámaras y se subió al Volkswagen Vento. Por detrás, una caravana con la inscripción "Duhalde 2011" en las ventanillas lo siguió de cerca. El bonaerense no está dispuesto a quedarse quieto ni a dejar espacios libres.