Improvisaron muy poco. Incluso, si algo los caracterizó fue la rigidez con la que leyeron sus respectivos documentos. Apenas levantaron la mirada a sus oyentes en un par de ocasiones para mirarlos sin anteojos. Uno optó por un discurso más largo, de exactamente una hora de alocución. El otro, acaparó la atención durante 45 minutos. Uno habló casi a la misma hora en que lo hizo la presidenta, Cristina Fernández. El otro esperó lo máximo que pudo para escucharla. Uno fue hasta la Legislatura para atender el discurso del otro. Pero este último no fue hasta el Concejo Deliberante para retribuir el gesto.

El gobernador, José Alperovich, y el intendente de la capital, Domingo Amaya, los dos protagonistas del poder interno en el oficialismo tucumano, exhibieron ayer similitudes, pero también sacaron a relucir sus diferencias: de gestión, de prioridades, de palabrerío, de aliados, y hasta de proyectos.

Los documentos que leyeron el mandatario provincial y el jefe municipal partieron desde un mismo eje temático pero, a partir de allí, cada uno ramificó sus palabras según sus propios estilos. Tanto Alperovich como Amaya se esmeraron por destacar el proceso de recuperación iniciado por Néstor Kirchner en 2003: fundamentalmente, coincidieron en ponderar el rol del Estado en la ejecución de políticas de inclusión social dado por el ex mandatario y por su esposa, la actual titular del Poder Ejecutivo Nacional.

Sin embargo, hubo chispazos que dan cuenta de que, políticamente, Alperovich y Amaya transitan desde hace tiempo una relación de competencia constante. El hecho saliente fue que cada uno destacó como suyo el proyecto de revalorización de las márgenes del río Salí, que involucra una inversión cercana a los $ 130 millones. El gobernador le dedicó un párrafo completo. El intendente reforzó la iniciativa como parte de un plan integral de reurbanización de la zona este de la capital. Hubo otros dos elementos distintivos. Amaya hizo mención explícita a uno de los últimos caballitos políticos del cristinismo: la soberanía argentina en las Islas Malvinas. De hecho, el jefe municipal aprovechó ese hilo conductor para ratificar su linaje peronista: recordó que Juan Domingo Perón hablaba de unidad latinoamericana, en alusión al rechazo conjunto de los países de la región a la presencia británica en las islas, en apoyo al Gobierno nacional.

Paralelamente, Amaya dedicó unas líneas al bussismo. Aunque sin mencionar al fallecido represor y ex gobernador, Antonio Bussi, el intendente dijo que la sociedad ya no votaría a un genocida, porque "evoluciona". Y reivindicó al peronismo: concluyó que una de las características de ese movimiento es la "evolución". Casualmente, la palabra publicitaria que identificó al amayismo del resto de los acoples alperovichistas en las elecciones provinciales de agosto del año pasado.