Cuando culminó la sesión de la Legislatura se ubicó delante del primer televisor que encontró para seguir el discurso de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Pero nunca se imaginó que la mandataria nacional pudiera hablarle durante más de tres horas al país. Cerca de las 14, los concejales de la capital lo esperaban más que ansiosos. Incluso un ministro y un legislador del alperovichismo se retiraron del edificio de San Martín y Monteagudo, agobiados por la demora. A las 14 en punto, el intendente, Domingo Amaya, ingresó al recinto de sesiones y comenzó a pronunciar las primeras palabras de su discurso.

En la calle, un centenar de dirigentes barriales movilizados por el amayismo portaban banderas tricolores con el eslogan "Viva la ciudad". Otro grupo de "murgueros" castigaba incesantemente el cuero de un bombo destartalado que portaba las insignias de un club de fútbol local.

Cuando comenzó su alocución, el jefe municipal comenzó a detallar los principales logros de su gestión desde 2003 a la actualidad. Habló de obras de pavimentación, de la iluminación de las calles y de las mejoras alcanzadas en el marco del denominado plan estratégico territorial. Cada vez que Amaya levantaba el tono de su voz sobrevenía el aplauso de los funcionarios municipales. En la calle también festejaban.

En el sector de invitados especiales se ubicó el legislador de La Cámpora, Jesús Salim, en un claro gesto político para Amaya desde el cristinismo militante. También se encontraban en el recinto los legisladores oficialistas Marcelo Caponio, Beatriz Ávila y Alfredo Toscano. Antes de que comenzara la sesión, los legisladores GuillermoGassenbauer y Ramiro González Navarro, y el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, se encontraban en el Concejo Deliberante. No llegaron a escuchar al intendente porque decidieron marcharse antes, cansados de esperarlo.

En algunas ocasiones, mientras leía su discurso, Amaya se apartaba de la letra escrita para improvisar algunos conceptos. Así lo hizo cuando se refirió a la forestación de 60.000 árboles en la ciudad y a los logros alcanzados en materia sanitaria. De manera genérica hizo mención al conflicto que el municipio mantiene con los 130 trabajadores del Plan Nacer, que exigen ser incorporados a la planta permanente. "Nosotros somos colaboradores del servicio de salud", aclaró el mandatario municipal.

Cuando habló del transporte público, Amaya destacó la inversión en la Dirección de Tránsito para agilizar los controles. También prometió que "próximamente" todos los colectivos de San Miguel de Tucumán tendrán aire acondicionado. Ponderó además que la recaudación municipal haya alcanzado los $ 350 millones el año pasado, y festejó la disminución del gasto en el pago de los juicios en contra el Estado municipal. "Se terminó la industria del juicio en San Miguel de Tucumán", expresó.

En el tramo final de su discurso, Amaya se quitó el traje de intendente y se colocó la camisa de dirigente peronista. Alzando el tono de su voz arengó: "en nuestra lucha, los peronistas hemos ganado y hemos perdido. Y, si hoy estamos gobernando la Nación, la Provincia y el Municipio después de las persecuciones que sufrimos, es fundamentalmente porque aprendimos de nuestros errores. Ese es nuestro concepto de evolución, tomar los errores como una enseñanza y usarlos para mejorar". Luego de resaltar la figura de Manuel Belgrano y José de San Martín, Amaya elogió a Cristina Fernández de Kirchner y a José Alperovich y se despidió con el tradicional "viva la Ciudad".

Las críticas opositoras

Los concejales opositores coincidieron en que el intendente omitió varios temas importantes de la gestión municipal. "No dijo nada del transporte ilegal, de las cloacas a cielo abierto y del caos en el tránsito. Reivindica a sus compañeros pero se olvida de (Amado) Boudou", expresó el radical José Luis Avignone. Por su parte, el bussista Claudio Viña afirmó: "me pareció un discurso vacío, demagógico y soberbio. Se jactó de logros poco comprobables y evitó hablar de los reales y actuales problemas de la ciudad". La opositora Sandra Manzone (Coalición Cívica) opinó: "no dijo nada del conflicto de la salud. Los agentes sanitarios hoy están reducidos a la servidumbre, con sueldos que van de los $ 400 a los $ 800. Es una burla".