Alperovich quiere el bronce. Por eso ayer en el discurso no se ocupó de hacer una mera rendición de cuentas ni de anunciar el eje de las políticas que aplicará. Eso quedó en el siglo pasado. El gobernador apabulló con sus logros y sus números positivos. La tabla de referencia fueron las gestiones de sus antecesores (cómo encontró la provincia) y la comparó con sus ocho años de gobierno (lo que hizo). El entusiasmo alperovichista y de sus "sijosesistas" no debería impedir ver pobrezas e inseguridades que no se pueden disimular a simple vista.

Pero Alperovich es un gran actor, cuya preocupación principal es evitar conflictos adentro y adular y quedar bien afuera, con la Nación.

Por eso tal vez valga escudriñar silencios o simples referencias. Y, Alperovich habló de una crisis internacional que hay que capear y no dijo que en las altas esferas del poder se intuye cierto malestar social. Tampoco decidió si reformará la Constitución, ni si hay sucesor o sucesora. Esas decisiones congelan acciones y pueden derretir bronces.