O hablaba por teléfono o escuchaba música. O sólo estaba pendiente de un llamado importante, de esos que llegan contadas veces en la vida. Jamás se sabrá. Mejor dicho, sólo lo sabe el legislador José Fernando Orellana, que aguardaba la apertura del año legislativo con un auricular (¿el manos libres del celular?) en el oído izquierdo. Aunque apartado de la excitación general, el "Mellizo" no pasaba inadvertido en el recinto a tutiplén.
En el polo anímico opuesto, el jefe del bloque oficialista, Roque Tobías Álvarez, daba órdenes, y saludaba a diestra y siniestra sin descuidar los detalles. "¡Poné a (la parlamentaria Adriana) Najar (en la comisión que buscó al gobernador José Alperovich)!", alcanzó a gritar a su interlocutor telefónico justo antes de entrar al ascensor escoltado por la segunda autoridad de la Legislatura, Armando Cortalezzi. Allí lo esperaban Antonio Estofán, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, y la prosecretaria a cargo de la Dirección de Ceremonial de la Corte, Ana María Gollán (de elegantísimo vestido colorado y chaqueta de encaje). El encuentro fue feliz, a juzgar por los abrazos efusivos que se prodigaron.
Los ambos oscuros de los dos legisladores alperovichistas expresaban la adhesión al vestuario elegido por la mayoría de los parlamentarios. El gris claro de Regino Amado, presidente subrogante de la Legislatura, llevó la voz cantante de la minoría en lo que al tono del traje se refiere, sector que reunió asimismo a los alperovichistas Reinaldo Jiménez, Guillermo Gassenbauer, Ramiro González Navarro y Alberto José Conte, además de Orellana. Eso, para que nadie diga que en el oficialismo falta diversidad.
Así y todo, ningún varón se animó a tanto como el democristiano José Páez y su corbata azul estampada con una enorme flecha roja. Una vez más, el opositor marcó la diferencia ideológica anudándose al cuello un símbolo partidario que, según sus propias palabras, representa el tránsito de la corrupción a la transparencia.
Osados -aunque en el sentido prosaico de la moda- también fueron los lunares negros y tacos blancos que lució la legisladora oficialista María Alejandra Cejas. La radical Silvia Elías de Pérez, en cambio, se encolumnó en una sobriedad clintoniana (por no decir merkeliana), seriedad estética apenas matizada por la consulta permanente al iPad. Los conjuntos luminosos -rigurosas falda y chaqueta- de las oficialistas Najar (impecable como es su costumbre), Beatriz Ávila y Beatriz Bordinaro aportaron calidez a una Cámara, por otro lado, habituada a la distinción de la alperovichista Carolina Vargas Aignasse, cuya camisola insinuaba los inequívocos signos físicos de un incipiente embarazo.
A diferencia de sus pares mujeres, que tienden a juntarse entre ellas cada vez que la ocasión lo permite, Vargas Aignasse confraternizó con todo el mundo antes de la apertura de la sesión: fue la única de los cuarenta y tantos legisladores oficialistas que se sentó en la hilera colonizada por los opositores, codo a codo con el radical Federico Romano Norri.
Los afines al gobernador José Alperovich y sus contados adversarios políticos se repatingaron sin ambages sobre los impactantes sillones catalanes. Así, girando levemente, oyeron el mensaje del mandatario, que, además, fue distribuido en cartillas y proyectado en las dos pantallas gigantes colocadas a los costados del estrado.
Al término de la sesión, algunos oficialistas -como Roberto Palina- hicieron la sobremesa en el comedor de la Cámara, donde los esperaban influsiones y raciones de medialunas y tortillas. Mientras el legislador José Teri bromeaba con el personal de la cocina, Sisto Terán, ex vicegobernador de Julio Miranda, hablaba por teléfono en una mesa desierta. Cada cual atendía su juego como si los demás fuesen invisibles. El emblema de aquel ensimismamiento fue, otra vez, el "Mellizo" Orellana y su capacidad de escucha entregada al auricular que volvió a conectarse al oído.