Lo que resulta más pertinente de este proyecto de ley es haber puesto en discusión un tema que siempre requiere ser interrogado y que tiene que ver con el cuerpo y la relación que cada sujeto establece con él, en particular en ese momento lo suficientemente especial y desconcertante que es la adolescencia.
La construcción subjetiva de un cuerpo, es decir la forma en que cada uno vivirá con él y los efectos que este deja sobre uno, no es algo que se sucede de un momento a otro ni tampoco algo que alguna vez termine. Siempre hay restos, goces con los que uno deberá convivir, aspectos de desagrado o aun, para acentuar el lado dramático de todo esto, de horror con los que uno debe lidiar.
En la adolescencia los efectos de desvinculación con el propio cuerpo -no sentirse parte de él, rechazo, resignación, etcétera- parecen estar más presentes, en especial porque es un momento donde efectivamente puede observarse que algo esta cambiando.
No pueden dejar de mencionarse los ideales que, si bien nos acompañan en todo momento, en la adolescencia pueden vivirse como todavía más opresivos y pueden funcionar como grandes propiciadores de decisiones. Es una suma de situaciones desconcertantes la que acompaña el difícil proceso de asumir nuestra propia realidad.
Volviendo a la adolescencia, ese momento particularmente turbulento y confuso, es preciso preguntarse por la responsabilidad, entendida como responsabilidad subjetiva (es decir el acto de quien decide y con ello se reconoce como único responsable). La pregunta tiene que ver con esto: ¿hasta qué punto este tipo de respuesta -recurrir a una cirugía en este caso- es una decisión responsable y no apresurada? ¿Es el resultado de un deseo que se pueda reconocer como propio o, por así decir, auténtico?
Quizás la ley, o más bien la función de esta posible ley, pueda ser introducir un momento de pausa en la decisión; que más que para postergar sirva para pensar las distintas implicancias de ciertos actos.