Cirugías estéticas en debate

Hace unos días, un proyecto de la diputada Mara Brawer en el Congreso hizo estallar la discusión: la iniciativa propone prohibir cirugías estéticas a menores de 18 años. La propuesta dividió las aguas entre los profesionales cirujanos plásticos, aunque la sociedad que los nuclea a nivel nacional la rechazó: dicen que sólo tres de cada cien operados son menores. Historias de quirófano.

Cirugías estéticas en debate

Era un juego, como casi todo lo que se hace a los 14 años.

En un cajón de casa, Agustina encontró los implantes de silicona que se había colocado y luego sacado su tía porque su cuerpo los había rechazado. Estaban ahí para tirarlos a la basura, pero ella le prestó un cuerpo a esa gelatina sin vida.

Ni siquiera cabían en su corpiño púber, pero Agustina las hizo entrar a la fuerza. El espejo le regalaba una imagen que nunca antes habría pensado: una mujer con un par de lolas capaces de conquistar el mundo. Era su disfraz permanente. Tan permanente que al pasar el tiempo no podría ni mirarse sin él.

Con el vestido de sus 15 sobre la cama repitió el procedimiento que conocía de memoria: corpiño común, siliconas de la tía, corpiño deportivo y otro corpiño más. Recién así era la Agustina que ella quería ver. “Me llevaba más de una hora prepararme, lo hacía todos los días antes de ir al colegio. Una vez salí a las apuradas y dejé los implantes en mi casa. Le tuve que pedir a mi mamá que me buscara de la escuela porque estaba incómoda, no podía estar. Le mentí que me había enfermado”.

Agustina habla pausado. Piensa cada una de sus palabras. Sabe que el suyo no sea tal vez el mejor ejemplo, pero tiene claro que cada uno vive el cuerpo como puede. No está cómoda con la entrevista, pero al mismo tiempo quiere dar a conocer su historia. “Sin mi nombre real, porque mi mamá me mata”, marca la cancha la joven de 19 años y tres cirugías plásticas en su haber.

“Ahora pienso y me río. Lo que empezó como una pequeña mentira de adolescente terminó en un complejo muy profundo. A los 16 tenía 90 de corpiño, pero era pura espalda y sabía que no iban a crecer más. Sin las prótesis truchas no salía a ningún lado. No sabía lo que era meterme a una pileta”, recuerda y su médico, el que la operó, da fe: desde que se hizo el implante mamario, a los 17, cambió por completo. “Tiene otro semblante, otra actitud frente a la vida. Hasta el pelo le ha cambiado. Es otra chica, antes era muy retraída y vivía escondida. Si esa cirugía no es una necesidad, entonces qué es”, se pregunta el cirujano.

Ni Agustina ni su médico creen que la ley que el jueves presentó la diputada Mara Brawer (FpV), que busca prohibir las cirugías estéticas a menores de 18 años, sea una solución a nada. “A mí me costó mucho convencer a mi mamá de operarme, ella estaba en total desacuerdo. Pero ahora me mira, sabe que estoy contenta, que me ha dado otra seguridad y eso la pone feliz”.

- Y tu papá, ¿qué opina?

- Bueno... él nunca se enteró. Le hicimos creer que tenía un problema en las mamas. Me siento un poco culpable por haberle mentido, pero es que de otro modo no lo hubiera aceptado.

Dos años después de hacerse las lolas, Agustina está segura de que es la mejor decisión que ha tomado y las siente como si hubiera nacido con ellas. No lo dudó un segundo. “Hacía tres años que me venía mintiendo a mí misma y a todo el mundo, entonces cuando se dio la oportunidad estaba super convencida. Me parece una tontera tratar de impedir las cirugías, porque cuando una persona ve un defecto en su cuerpo lo va a tratar de corregir como sea. Si no puede a los 17, lo va a hacer a los 18, pero lo va a hacer igual. Es simplemente arrastrar un problema”, analiza la estudiante. Por estos días, Agustina se recupera de una pequeña liposucción para afinar unos centímetros su cintura. “Lo poco que se puede, porque todo tiene un límite. Pero de eso se trata: dentro de lo que se puede, lo mejor posible”. Esta vez no necesitó ni el permiso ni la firma ni el dinero de sus padres. En vez de tomarse vacaciones, ella viajó al quirófano para que el espejo continúe devolviéndole la imagen que desea.

A favor
La provocación como sinónimo de belleza

A diferencia de la gran mayoría de sus pares, la cirujana Susana Paredes, presidenta de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica Regional NOA, encuentra algún lado positivo en la posible ley de prohibición de cirugías a menores de 18 años. “Si llegamos a la necesidad de prohibirlas por ley, es porque en algo estamos fallando como sociedad”, opina la salteña. Según ella, desde los medios y la publicidad se imponen cánones de belleza que tienen más que ver con la provocación que con la armonía. “Por eso las chicas de entre 15 y 18 están tan interesadas en hacerse implantes mamarios. Médicamente, una chica de esa edad no ha alcanzado el punto más alto de su desarrollo y por lo tanto no se debería proceder. Una edad adecuada me parecen los 20, ni siquiera los 18”. De todos modos, aseguró que el número de consultas de menores es casi imperceptible en relación a las de mayores.

En contra
“A lo sumo el 3% de los que se operan son menores”

El lunes se reunió la Comisión Directiva de la Sociedad de Argentina de Cirugía Plástica (Sacper) y sus miembros, por unanimidad, rechazaron el proyecto de ley presentado por la diputada Brawer. Así lo confirmó, en diálogo con LA GACETA, su presidente, el cirujano Juan Carlos Traverso. “Son muy puntuales los casos en los que se requiere una cirugía en menores. Se ha dicho que son un 10% del total, pero esa es una cifra falsa y sin basamento. Si llega al 3% es mucho, teniendo en cuenta las cirugías reparadoras de nariz y orejas, por ejemplos, o las reducciones mamarias en caso de tamaño exagerado. Son casos que afectan el desarrollo de la persona”, indicó el médico. En Tucumán, el cirujano Eduardo Novillo opinó del mismo modo y aseguró: “sería más propicio que se pusieran a trabajar en una ley de especialidades médicas. Hoy, en Argentina, hay dermatólogos que hacen cirugías estéticas y eso es mucho más grave”, sentenció.

“La belleza física facilita mucho algunas cosas. Hay que admitirlo”

Entre los últimos meses del secundario y el inicio de la carrera de Derecho, Marcos tomó la decisión: se operó la nariz para corregir un problema respiratorio y, “ya que estaba”, se hizo un retoque estético. “Tenía 18 años y no lo pensé mucho. No me gustaba mi nariz, pero tampoco era algo que me acomplejara. De todos modos, creía -y sigo sosteniendo- que la belleza, el ser más lindo, facilita ciertas cosas”. Esa operación fue hace 10 años, cuando no era muy común que un hombre entrara al quirófano por cuestiones estéticas. Pero él, Marcos, gran observador de los estándares de belleza, se sorprende: “el mundo se ha vuelto en un lugar cada vez más frívolo. Terriblemente frívolo”.

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