El origen de la cueca brava chilena se asimila al del tango arrabalero argentino: ambos son hijos de la calle y de los conventillos de puerto, definitivamente marginales, con protagonistas pendencieros, y alejados de los círculos artísticos propios de las clases socialmente más altas cuando esos géneros (tan distintos en melodías y en temas) estaban aún en pañales.

Las similitudes los siguieron en el tiempo, con épocas de prohibiciones y de silenciamiento, que no evitó que la cultura popular los tomara como propios y los adoptara, hasta un presente que los tiene incorporados en el acervo cultural de cada nación.

En el rescate y jerarquización de la cueca brava tiene bastante que ver la agrupación de música y danza chilena Calaukan, creada en 2008 con el objetivo de preservar y profundizar sobre las raíces folclóricas de este estilo, que durante décadas sobrevivió escondido en los rincones más ocultos de la sociedad trasandina hasta que hoy es eje de una línea de fusión con ritmos foráneos.

Calaukan se presentará esta noche, a las 22, en el Espacio Cultural Don Bosco (avenida Mitre 396) en el marco del 54 Septiembre Musical. En escena estarán cinco músicos y cuatro bailarines populares, para un espectáculo de danza teatral con la historia de la cueca brava. La entrada es libre y gratuita, pero se recolectarán bienes a beneficio de Cáritas, por lo que se reciben leche en polvo, pañales descartables y alimentos no perecederos.